22.09.2019 

Capítulo 5: "Mentira"

"Al compás del corazón", una novela en entregas de la escritora local, Andrea Milano. Un nuevo capítulo cada domingo con tu diario El Popular.

En casa de los Insaurralde era un ritual sagrado escuchar la radio antes de la cena. Don Armando, después de una extensa jornada laboral en la gerencia del Banco Edificadora, se sentaba en un rincón del salón a leer El Popular mientras esperaba la emisión en Radio Nacional, de Chispazos de Tradición, su radioteatro favorito ¡Ay de aquel que osara molestarlo cuando entraba en escena el Gaucho Solitario acompañado por el sonido de los cascos de su caballo! Nadie quería perderse las peripecias del Churrinche, los suspiros de enamorada de la Rosaura o las maldades de Caín; pintorescos personajes que lograban que casi todo el país dejara de lado sus actividades cotidianas para acomodarse alrededor de la radio a las seis y media de la tarde. Armando Insaurralde no era la excepción.

En silencio, Victoria se acercó y le dio un beso en la mejilla. Dejó la cartera encima de la mesa y se deshizo también de los guantes. Esa noche hablaría con sus tíos sobre su deseo de asistir al recital de Gardel. Necesitaba estar en buenos términos con ambos para evitar que le dijesen que no antes de que ella abriese la boca. Cuando Corina apareció por la puerta que daba a la cocina con la intención de interrumpir la velada de don Armando, Victoria le hizo una seña con la mano, instándola a que guardase silencio. La siguió y cerró la puerta despacio.

-No quiero que nada perturbe a mi tío, Corina -le explicó mientras se robaba un pedazo de queso de la mesa.

La criada frunció el ceño.

-¿Les va a pedir permiso hoy para ir a ver al Gardel?

Victoria asintió.

-Su tía tiene una de esas jaquecas que le dan cada vez que vuelve de una reunión con la Asociación de Damas. No sé si es un bueno momento...

-¡Es hoy o nunca, Corina! -la cortó Victoria, decidida. -Hablaré con ambos durante la cena; por eso esta noche el postre lo preparo yo.

Corina no pudo hacer nada cuando Victoria le robó uno de los delantales y se puso a rallar unas naranjas. Después de cambiarse de vestido, incluso colaboró poniendo la mesa mientras sus tíos se acomodaban en sus respectivos lugares.

-Hice su flan favorito, tío Armando-dijo Victoria toda zalamera. Le dedicó una sonrisa a doña Bárbara-. ¿Cómo le fue hoy, querida tía? -Sabía que ella era el hueso más duro de roer.

-Tuve un cruce de palabras con la Madre Superiora Águeda, pero al final terminó entrando en razón.

Victoria quizá debería haberle preguntado el porqué de ese constante enfrentamiento con la religiosa, pero no era de su incumbencia. Tenía otro asunto más urgente que tratar con ellos y no quería prolongar ni aumentar el mal humor de doña Bárbara.

-Tío, tía... ¿sabían que pasado mañana el gran Carlos Gardel brindará un concierto en el Cine-Teatro París? -Listo. Ahora solo restaba esperar, y por supuesto, rezar para que no pusieran el grito en el cielo cuando les dijese que quería ir a verlo.

Se hizo un silencio sepulcral en el comedor que a Victoria le pareció eterno. Don Armando apenas alzó una ceja en señal de sorpresa; su esposa, en cambio, arrugó la frente en un evidente gesto de disgusto.

-Espero que no estés pensando en ir, Victoria.

Las palabras de su tía, tan frías como categóricas, le borraron de un plumazo la sonrisa del rostro. Cualquier vestigio de esperanza que aún conservaba también se evaporó por arte de magia. Ni siquiera tuvo la oportunidad de comentarles lo mucho que deseaba asistir al recital de su amado Carlitos. Conociendo de antemano la respuesta, guardó silencio y no volvió a hablar del tema. Alegando un repentino malestar abandonó la mesa con la acuciante necesidad de echarse a llorar. Cuando subía las escaleras, oyó el teléfono. Regresó para contestar, ganándole de mano a Corina que salía justo de la cocina.

-Diga.

-¿Victoria? Soy Estelita. ¿Ya le pediste permiso a tus tíos?

Victoria no dijo nada. Miró por encima de su hombro antes de darle una respuesta.

-Sí, Estelita. Acabo de hablar con ellos y me dijeron que sí.

-¡Qué alegría! Yo ya convencí al botarate de mi hermano para que nos lleve. ¡Nos vemos el miércoles! ¡Ponete linda que vas a conocer al Zorzal!

Apenas cortó, la criada la increpó.

-¿Por qué mintió, niña?

Victoria la sujetó de los hombros y le clavó la mirada.

-Voy a ir a ese recital, aunque sea lo último que haga en mi vida. ¿Vas a ayudarme o no?

Ni siquiera tenía que preguntarlo. La fiel Corina se aseguraría de que la niña Victoria cumpliese su sueño de conocer a Carlos Gardel.

*

El flamante testigo era un linyera que solía dormir muy cerca del terreno baldío en donde habían hallado el cuerpo de La Morocha. La comisaría, establecida hacía muy poco en la calle Belgrano casi bulevar Brown, rápidamente se inundó del olor rancio de sus ropas y el fétido aliento que manaba de la dentadura podrida del sujeto que dijo llamarse Atilio Luna. Tenía algunos problemas motrices, seguramente por culpa de la bebida, pero aseguraba que la noche en la cual la joven fue asesinada, él se había cruzado con un hombre que huía del lugar en dirección al Club Estudiantes.

-¿Logró verlo de cerca? -inquirió Peralta, aferrándose a la única pista firme que tenían en el caso.

Luna se rascó la barba y emitió un eructo.

-Más o menos... Casi me tira al suelo.

Seguro estaba borracho, pensó Peralta.

-¿Era más alto que usted? ¿Más joven?

El linyera negó con la cabeza.

-Era bastante petiso y corría de una forma bastante extraña.

-¿Extraña cómo? -insistió Peralta.

El testigo se encogió de hombros.

-No sabría decirle, comisario. Estaba oscuro y todo ocurrió demasiado rápido. -Luego, como si se le hubiese refrescado la memoria, añadió: -Lo que sí pude ver fueron sus bigotes. Eran anchos y muy grandes. ¡Me hizo acordar al bigotón del difunto presidente, don Uriburu! -dijo con sorna.

Peralta intercambió miradas con el oficial Rivas. No pudieron sonsacarle mucho más al pobre de Atilio Luna, sin embargo, ahora contaban al menos con una escueta descripción del sospechoso y del lugar hacia donde había huido.

Visitar las instalaciones del Club Estudiantes sería el siguiente paso en la investigación.


*Un nuevo capítulo de esta atrapante novela, todos los domingos en el diario El Popular. Los anteriores, los encontrás acá.