25.11.2019 "AL COMPÁS DEL CORAZÓN"

Capítulo 14: Fumando espero

Capítulo 14

Fumando espero 

Lautaro se quedó observando la puerta por donde Victoria acababa de desaparecer con un gesto de impotencia. Sabía que no tendría que haberla dejado a solas con Santibáñez, pero en apenas un instante -lo que tardó su hermana en distraerlo- fue lo que necesitó el dueño de La Nuit para alejarla de él. No quería mostrarse demasiado inquieto y que Estelita terminara descubriendo que accedía a cumplir sus caprichos con la única intención de ver a su amiga. Para hacer menos tortuosa la espera, les ofreció a las muchachas degustar un aperitivo mientras Victoria regresaba. Fueron escoltados hasta una de las mesas y Lautaro se acomodó de manera que pudiese verla apenas saliera del despacho de Santibáñez. Estelita se sentó a su lado y Dorita ocupó la silla que estaba frente a él. Le devolvió la sonrisa cuando se dio cuenta que lo observaba. Le incomodaba que le prestase tanta atención. Se arrepintió enseguida de haberle sonreído. No quería que confundiera un gesto de cortesía con un interés romántico. La mujer que a él le quitaba el sueño se encontraba a unos cuantos metros de distancia, en compañía de un hombre que no le inspiraba la más mínima confianza. Mientras aguardaba, fingía estar atento a la conversación que sostenían su hermana y su amiga. Estelita, quien solía decir las cosas a boca de jarro, mencionó que, la noche en la cual Victoria cantó para Gardel en la confitería París, un hombre la había seguido hasta su casa.

-¿Un hombre? ¿Quién era? -inquirió él, preso de la curiosidad.

Estelita recibió un sutil codazo de la bibliotecaria por debajo de la mesa. Era su forma de amonestarla por la infidencia que acababa de cometer.

-No sabemos. -La que respondió fue Dorita ya que Estelita se sobaba el brazo adolorido por encima del vestido-. Victoria estaba demasiado asustada como para fijarse en él. -Esto último no era del todo cierto. Ella sabía que la presencia de ese extraño la había dejado inquieta, sin embargo, también era verdad que la misma Victoria le había confesado que deseaba volver a verlo.

-Vuestra amiga debería tener más cuidado -Lautaro se bebió de un solo trago el vermú que le quedaba en el vaso. Se le había secado la boca de repente. Tuvo que aflojarse el cuello de la camisa y reprimir el impulso de levantarse de la mesa para ir a buscar a Victoria. Miró una vez más su reloj y encendió un cigarro. Llevaba apenas diez minutos encerrada en el despacho de Santibáñez, pero a él le parecía una eternidad.

*
Victoria fue incapaz de moverse. El hombre que la había perturbado tanto se encontraba allí, frente a ella y con una expresión de sorpresa estampada en el rostro. Por su manera de mirarla, supo que a pesar de la peluca platinada, él ya la había reconocido. ¿Qué estaba haciendo en aquel lugar? ¿La habría seguido desde su casa? Dudaba que fuese así. Ella lo habría sabido. Pero entonces ¿era pura casualidad que volviera a toparse con él? Las preguntas que le rondaban la mente, fueron interrumpidas por la voz de pito de Felipe Santibáñez.

-Buenas noches. -El dueño de La Nuit extendió el brazo-. Supongo que usted es el comisario Peralta.

¿Comisario? ¿Por qué la había seguido un comisario? Victoria no salía de su asombro.

-Supone bien, Santibáñez -respondió Peralta sin apartar los ojos de Victoria. -He venido a buscarlo porque necesito hacerle algunas preguntas sobre la muerte de Rosa Cardozo.

Felipe Santibáñez rodeó el escritorio y le hizo señas a Victoria de que se sentase en uno de los sillones que estaban ubicados en un rincón del despacho. Ella obedeció y se ubicó al lado del oficial Rivas, quien la saludó con una firme inclinación de cabeza.

-En este momento tengo un asunto entre manos que no puedo posponer, comisario -dijo Santibáñez lanzando una fugaz mirada a su flamante adquisición-. Si quiere, podemos hablar mañana con más calma. De todos modos, estoy seguro de que Mirna ya le habrá dicho todo lo que sabíamos sobre esa pobre muchacha...

-La señora Vallejos...

-Señorita -lo corrigió Mirna desde el otro extremo del escritorio.

-La verdad es que la señorita Vallejos no fue de gran ayuda -le informó-. Por esa razón, quisiera hablar con usted... en privado. También tendremos que interrogar a las muchachas que trabajan en el cabaret para ver si vieron o escucharon alguna cosa durante los días previos al crimen.

Felipe Santibáñez tenía deseos de prender un puro, pero se abstuvo. Los nervios empezaban a jugarle en contra. Debía mostrarse más amable con la policía si no quería tener problemas.

-Puede hablar con quien quiera, comisario -aceptó a regañadientes- Conmigo deberá esperar hasta mañana. Lo espero a las diez, si le parece bien.

Peralta, totalmente distraído, no lo había escuchado. Solo cuando Felipe Santibáñez le repitió lo que acababa de decir, acordó verlo al día siguiente.

-Ahora, si me disculpan, tengo que cerrar un trato con la señorita. Mirna, acompaña a los caballeros, por favor. Si no están apurados, los invito a beberse algo antes de marcharse. Pidan lo que quieran que es cortesía de la casa.

Peralta le agradeció su invitación. Era la excusa que necesitaba para permanecer otro rato en La Nuit y tratar de acercarse a la joven del Cine-Teatro París. Como aún no sabía su nombre, cada vez que la pensaba, se refería a ella por el sitio en donde la había visto por primera vez. Se detuvo un instante para mirarla y, al hacerlo, provocó que se sonrojara. Salió de ese despacho con una sonrisa en los labios. El comisario Martín Peralta no era experto en el trato hacia las mujeres, mucho menos en el arte de conquistarlas. Desde la trágica muerte de Alcira, no había pensado en el sexo opuesto en términos de romance. Sin embargo, acababa de descubrir que la muchacha sin nombre, esa que lo había embrujado con solo una mirada, se turbaba con su presencia. Al menos no le era indiferente. Cuando salió al salón y vio a Lautaro Madariaga, esa súbita sensación de dicha que acababa de experimentar después de tanto tiempo, se disipó rápidamente entre el humo de los cigarros.

*Los capítulos anteriores de esta atrapante novela los podés encontrar acá