26.01.2020 Cap. 23 "AL COMPÁS DEL CORAZÓN"

Tal vez será su voz

"Al compás del corazón", una novela en entregas de la escritora local, Andrea Milano. Un nuevo capítulo cada domingo con tu diario El Popular. 

Por más que Peralta condujera despacio por las calles de Olavarría, no les llevó más de diez minutos llegar hasta la propiedad de los Insaurralde. Apenas habían intercambiado algunas palabras durante el viaje. Victoria por causa de los nervios y él por temor a decir algo inadecuado. Aunque ya no le resultase tan evidente el parecido, cada vez que contemplaba el rostro de la cantante, era imposible no pensar en su prometida muerta. Sobre todo, ahora, con esa peluca platinada que le recordaba tanto a Alcira.

-¿Sucede algo? -preguntó ella, incómoda por su manera de mirarla.

-Le va a parecer una locura, Gardelia, pero cuando intenté acercarme a usted esa noche, en este mismo lugar, lo hice porque me recordó a alguien.

Las palabras del comisario despertaron su curiosidad.

-¿De verdad?

Peralta asintió. Ya había empezado a hablar, no tenía caso ahora quedarse callado.

-Su nombre era Alcira...

-¿Era?

-Sí. Ella murió hace más de un año, cuando faltaban dos meses para convertirse en mi esposa.

Victoria se quedó pasmada.

-Lo siento -solo atinó a decir.

-Alcira fue asesinada y su crimen sigue sin resolverse. -Cerró los puños alrededor del volante. Los nudillos se tornaron blancos-. En todo este tiempo no he sido capaz de hallar al culpable... al maldito desgraciado que me la quitó.

Victoria sintió el acuciante impulso de ofrecerle un poco de consuelo. Por eso, sin medir siquiera las consecuencias de lo que estaba a punto de hacer, se aproximó al comisario y puso la mano en su hombro.

-No se torture de esa manera -le pidió-. Tarde o temprano logrará hacer justicia por ella.

Peralta giró la cabeza y la miró. No supo si era por la dulzura que percibió en sus ojos o por ese encantador acento español que le provocaba un cosquilleo en la sangre, pero tuvo que aferrarse al último vestigio de cordura para no tomarla entre sus brazos y besarla.

-¿De qué parte de España es usted? -se encontró preguntándole de repente. Ella no había apartado la mano y agradecía que no lo hubiese hecho.

-En realidad soy argentina -respondió con una sonrisa que le formaba dos graciosos hoyuelos en las mejillas.

Martín Peralta aún tenía deseos de besarla. Apartó la vista de esa boca tentadora pintada de rojo carmín.

-¿Sí?

Victoria asintió.

-Nací en Buenos Aires, pero cuando era muy pequeña, mi familia y yo nos fuimos a España. Mi padre es diplomático y le ofrecieron un cargo en la embajada argentina en Madrid -le explicó-. Hace tres años, luego de un desgraciado incidente en el cual casi pierdo la vida, me enviaron de regreso a la Argentina para ponerme a salvo. Y desde entonces vivo con mis tíos... -se quedó callada cuando se dio cuenta de que había estado a punto de hablarle de su trabajo en la biblioteca.

Peralta no pudo ignorar lo que acababa de decirle, por eso, fiel a su esencia detectivesca, se atrevió a indagar en su pasado.

-¿Estuvo en peligro, Gardelia? -La tentadora cercanía de la cantante y el relato parcial sobre su vida lograron despertar su curiosidad y, aplacar, al menos de momento, la tristeza que llevaba en el alma.

-Sí. Fue durante un atentado en el convento en donde me encontraba trabajando de manera temporal como bibliotecaria. Aquellos que se alzaban en nombre de la Segunda República, arrasaron con cualquier institución vinculada a la Iglesia. Las monjitas y yo apenas logramos escapar del incendio. Se perdieron obras invaluables de la literatura española...

La angustia reflejada en los ojos de Gardelia, le dio el puntapié a Peralta para tomarse el atrevimiento de rozarle la mano y brindarle su apoyo al igual que ella lo había hecho unos minutos antes.

-¿Es verdad que me parezco a su prometida? -preguntó Victoria cuando el silencio entre ambos se volvió demasiado incómodo. Se arrepintió de su pregunta ni bien la había pronunciado. No tenía derecho a escarbar en una herida que, era evidente, aún no había cicatrizado.

-Cuando la vi por primera vez, en el recital de Gardel, pensé que me había vuelto loco -le confesó.

-Por eso me siguió esa noche.

-Vuelvo a pedirle disculpas si la asusté.

-No se preocupe. -Victoria se sonrojó al recordar lo sucedido. Cualquier temor había quedado rápidamente relegado a un segundo plano cuando el deseo de volver a verlo se hizo más fuerte. Jamás imaginó que el destino lo pondría en su camino tan pronto.

-Aunque con esa peluca se le parece más, me basta verla de cerca para darme cuenta que usted es diferente a Alcira. Quizá fue la impresión del momento... o la culpa por no saber todavía la identidad de su asesino. -Sonrió con amargura-. Cuando hallamos su pañuelo entre las pertenencias de Rosa Cardozo, pensé que pronto daría con el culpable, pero parece que no es más que otro callejón sin salida.

-¿Su prometida y la muchacha que trabajaba en el cabaret se conocían?

-Al parecer, así es. Y no solo eso... hoy mismo descubrí que Alcira solía frecuentar La Nuit poco antes de su muerte. Una de las alternadoras me contó que la había visto en un par de ocasiones, acompañada de un hombre joven. Quizá el tal Madariaga tiene razón y la verdad es que no sirvo como policía -manifestó con evidente ironía-, después de todo, ni siquiera sabía lo que hacía Alcira a mis espaldas.

-¿No se le ocurre quién puede ser ese hombre?

-Por el momento no. Aunque no les agradará volver a verme, iré a la casa de sus padres. Es posible que ellos tengan una idea de quién pueda tratarse.

-Si hay algo que yo pueda hacer, cuente conmigo -le ofreció Victoria, desconociendo el alcance que tendrían sus palabras.

Peralta la contempló en silencio durante unos instantes. Una idea descabellada cruzó por su cabeza y no se animaba a mencionarla.

-¿Qué pasa? -quiso saber ella.

-No me haga caso, Gardelia. No tengo derecho a pedírselo.

-Hable, por favor.

Peralta sabía que era una locura, que no podía involucrar a la muchacha en una investigación policial. Sin embargo, y aunque se maldijera después por su insensatez, le reveló cuál era su plan.

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