23.02.2020 AL COMPÁS DEL CORAZÓN

Capítulo 27 : Confesión

"Al compás del corazón", una novela en entregas de la escritora local, Andrea Milano. Un nuevo capítulo cada domingo con tu diario El Popular. 

Esa noche, Lautaro estaba más ansioso de lo habitual. Estelita le había advertido que Victoria se había enojado por la nota en el diario y no sabía con lo que se iba a encontrar cuando la pasara a buscar para llevarla hasta el cabaret. Se esmeró más que nunca en su aspecto e incluso pensaba que ya era el momento de confesarle a Victoria lo que sentía por ella. El desconcierto que le provocaba no saber exactamente qué clase de relación la unía a Peralta, lo estaba orillando a tomar una decisión. Haría caso omiso a los consejos de su hermana. No podía perder más tiempo y dejar que el comisario se la ganase enfrente de sus narices. Aunque resultase herido en su orgullo, esa noche se le declararía. Se subió al Ford A y el estridente sonido de la bocina quebró el silencio del campo en esa espesa noche de niebla. Estelita, envuelta en uno de sus abrigos más sofisticados salió de la casa y bajó corriendo las escaleras.

-¡Vamos a llegar tarde! -le reprochó Lautaro, golpeando el volante con los dedos.

Su hermana se acomodó y le lanzó una mirada furibunda.

-¡No es mi culpa que estés tan nervioso! -replicó la joven antes de bufar-. Metiste la pata y ahora no sabés que hacer para remediarlo... pero, sobre todo, te morís de miedo de que Victoria ya no quiera saber nada de vos.

Lautaro se quedó callado. Darle la razón a su hermana significaba una derrota como periodista. Él había escrito esa nota convencido de que la policía local, al mando del comisario Peralta. ponía muy poco empeño en resolver el crimen de Rosa Cardozo. Sin embargo, no imaginó las consecuencias que ocasionaría. ¿Y si de verdad Victoria ya no quería volver a verlo? Por eso, se jugaría la última carta esa noche. Y esperaba ganar.

*

Victoria terminó de arreglarse y miró el reloj que colgaba de una de las paredes de su habitación. Estelita y su hermano no tardarían en llegar. No iba a ser sencillo tener a Lautaro frente a ella después de lo que había hecho. Sus pensamientos fueron interrumpidos por la aparición de Corina que venía a avisarle que el camino estaba despejado. Victoria ignoraba cuánto tiempo más lograrían sostener esa situación antes de que sus tíos supieran la verdad. Presentía que, en cualquier momento, las escapadas y sus noches de tango en el cabaret quedarían al descubierto. Trató de no atormentarse con esa posibilidad... no cuando había otro asunto que la preocupaba. Se despidió de Corina con un beso en la frente en señal de agradecimiento y salió de la casa por la parte lateral como ya era su costumbre. Tuvo que esperar algunos minutos en la vereda hasta que por fin el auto de los Madariaga se estacionó en la esquina de Necochea y Vicente López. Subió detrás para acompañar a Dorita y saludó con un seco "buenas noches" Para evitar cruzar la mirada con Lautaro, se dedicó a contemplar el exterior a través de la ventanilla. Sabía que él no perdía oportunidad de espiarla por el espejo retrovisor. Esa noche ni siquiera una sonrisa le dedicó. Fingió prestar atención a la conversación de Estelita, pero mientras ella les contaba que su padre estaba a punto de volver de su viaje a la capital, Victoria solo podía pensar en Martín Peralta.

Cuando el Ford A se detuvo frente a La Nuit, Lautaro le hizo señas a su hermana de que se bajara y se llevara con ella a su amiga. Estelita vaciló un momento antes de reaccionar, pero quería que el malentendido entre ellos se solucionara y logró que se quedaran a solas en el interior del vehículo.

Lautaro la miró a través del espejo.

-¿Podemos hablar antes de que entres al cabaret? Es importante.

Victoria se acomodó el sombrero que le sujetaba la peluca y suspiró. Deseaba bajarse, evitar a toda costa esa conversación porque sabía que no terminaría en nada bueno. Ella estaba demasiado ofuscada y Lautaro parecía más serio que de costumbre.

-Por favor -insistió.

-Como quieras.

-¿Podrías pasarte para adelante o preferís que yo vaya atrás?

-Me parece que así estamos bien -respondió, cortando de raíz cualquier intención del periodista de tenerla más cerca.

Resignado, Lautaro se giró hacia ella y dejó caer su brazo por encima del asiento.

-Mi hermana me dijo que te habías enojado conmigo por lo del diario y creo que no es justo. Mi deber es informar a la población...

-¿Y para hacerlo tenés que hablar mal de otra persona? -lo interrumpió.

-Peralta y yo nos conocemos demasiado bien, Victoria. No es la primera vez que nos enfrentamos por causa de alguna de mis notas. Lo que escribí no es más que el reflejo de lo que sucede. El crimen de esa joven va camino a convertirse en otro caso sin resolver en el abultado expediente del comisario -alegó, plenamente convencido de sus palabras-. No quiero que, por su culpa, vos y yo nos distanciemos.

Victoria no dijo nada. Ladeó la cabeza y fijó la mirada en la calle. La gente ya empezaba a llegar al cabaret. Seguramente Santibáñez se estaría preguntando dónde diablos se había metido. ¿Habría llegado ya Martín Peralta? No veía su automóvil por ningún lado.

-Tal vez no sea el mejor momento para decírtelo, Victoria. -Se aclaró la garganta, obligándola a que se volteara. -Planeaba hacerlo bajo otras circunstancias, sin que estuvieses enojada conmigo. Me gustás mucho y siento que te estoy perdiendo sin tener siquiera la oportunidad de luchar por ganarme tu corazón. No soy tonto y sé qué hay algo entre el comisario y vos. Ese hombre no te conviene, Victoria. Y no lo digo impulsado por esa rivalidad profesional que nos une... Peralta vive obsesionado con su prometida muerta y es aficionado al alcohol. Se lo podés preguntar a cualquiera que lo conozca, todos te lo confirmarán. En varias ocasiones se lo ha visto salir completamente ebrio de un bar de la calle San Martín en donde es un cliente asiduo.

-¡Ya no quiero seguir escuchándote, Lautaro! -Victoria abrió la puerta del auto y se bajó. No atinó a detenerla porque sabía que sería inútil. La verdad sobre ese hombre al que seguramente idealizaba le había dolido. Alguien tenía que abrirle los ojos. Se alegraba de haber sido él.

Leé la novela completa acá