29.03.2020 

Capítulo 32: Galleguita

Esa tarde, Victoria salió de la biblioteca más temprano de lo habitual. Saber que la estaban esperando en la casa de fotografía la tenía muy inquieta. Seguí leyendo...

Esa tarde, Victoria salió de la biblioteca más temprano de lo habitual. Saber que la estaban esperando en la casa de fotografía la tenía muy inquieta. Aunque Santibáñez le había asegurado que su identidad quedaría a salvo, temía que la dichosa nota para el diario El Popular la pusiera en evidencia delante de sus tíos. Llevaba la peluca platinada en la cartera y un sombrero con una redecilla negra para ocultarse el rostro si fuera necesario. El local de fotografía, llamado La Moderna, estaba ubicado en la calle Belgrano, a pocas cuadras de la biblioteca y tardó pocos minutos en llegar. Cuando miró su reloj, comprobó que faltaban diez minutos para la hora pactada. Entró al lugar y de inmediato se le acercó una mujer.

-Buenas tardes, ¿qué puedo hacer por usted?

Victoria pensó en ese momento que tal vez hubiese sido menos arriesgado presentarse con la peluca puesta, pero ya no tenía remedio.

-El señor Santibáñez me dijo que el fotógrafo me esperaba a las cinco.

La empleada sonrió y la sujetó ligeramente del brazo.

-Acompáñeme, por favor. -La condujo a través de un extenso pasillo de baldosas en damero y se detuvieron delante de una puerta de madera pintada en un verde chillón. -Pase por aquí. Don Miguel estará enseguida con usted.

La habitación en donde le indicó que esperara no era demasiado grande. Había una mesa armada con un par de caballetes atiborrada de enseres de fotografía. El balcón que daba a la calle permitía que la luz del sol se colara en el lugar, iluminando todos los rincones. En uno de ellos, descubrió una moderna cámara fotográfica. Se acercó y la tocó. Le trajo recuerdos de su añorada España y de esa foto familiar que se habían tomado los Insaurralde unos meses antes de embarcarse hacia la Argentina. Absorta en sus pensamientos no oyó que alguien había entrado. Se volteó sobresaltada recién cuando la puerta se cerró detrás de ella.

-Perdone, no quería asustarla -se disculpó un hombre corpulento con bigotes anchos y la cabeza completamente calva. Le tendió la mano-. Miguel Sixto, a sus órdenes. Gardelia, ¿verdad?

Victoria asintió. Al parecer, Felipe Santibáñez estaba en todos los detalles.

-Sí, soy yo. -Estrechó su mano mientras le sonreía-. Llegué antes de la hora pautada; espero no importunarlo con mi excesiva puntualidad.

-¡Para nada, muchacha! Hoy no ha venido mucha gente. Además, cuando se trata de hacerle un favor a un gran amigo, siempre le doy prioridad a sus "encargos"

Victoria asintió. Le pareció extraño el modo en el cual había hablado el fotógrafo. Era evidente que estaba acostumbrado a realizar trabajos para Santibáñez en su estudio.

-Me comentó Felipe que era fundamental que nadie descubriera quién eres -comentó con cierto aire de complicidad-. Podés quedarte tranquila, querida. Soy el mejor en el rubro y te aseguro que tu verdadera identidad seguirá en el anonimato.

-Gracias, señor Sixto.

-Quita el señor, cielo. Me hace parecer más viejo de lo que en realidad soy. -Le pidió que se moviera para poder preparar la cámara y la miró por encima del hombro mientras maniobraba con su herramienta de trabajo-. ¿Has traído la peluca?

Victoria abrió el bolso y se la mostró.

-¡Perfecto! Póntela y siéntate en ese taburete.

Hizo lo que le mandó y esperó. Sin que él le dijera nada, se calzó el sombrero y se cubrió la parte superior del rostro con la redecilla.

-¡Muy bien pensado! -exclamó el fotógrafo al verla camuflarse de esa manera. -Había pensado hacer varias tomas de tu rostro, mostrando solo la parte de la boca. -Fue hasta un armario y sacó un micrófono de pie-. ¿Qué te parece?

Victoria sonrió. Era la excusa perfecta para que nadie se sorprendiera de que su rostro no saliese completo en las fotografías. Se puso de pie delante del micrófono y lo sujetó como si estuviese a punto de comenzar a entonar uno de sus tangos favoritos.

-Muévete un poco para allá para que tu rostro quede a contraluz -le indicó don Miguel.

Gardelia respetó cada una de las sugerencias del fotógrafo y el tiempo se le pasó volando. El miedo del principio se desvaneció apenas el primer click de la cámara fotográfica comenzó a capturar su imagen. Tras varias poses y tomas, pudo por fin descansar.

-Me dijo Felipe que las fotos son para una nota en el diario.

-Sí -respondió Victoria mientras se quitaba el sombrero y la peluca-. Yo hubiese preferido pasar desapercibida, pero el señor Santibáñez insistió tanto...

-Felipe sabe lo que hace, querida -le aseguró-. Hace tiempo que no lo veo tan entusiasmado con alguien.

El comentario la descolocó. Enseguida percibió la incomodidad del fotógrafo al darse cuenta de lo que acababa de decir.

-No me lo tomés a mal, Gardelia. Felipe es un hombre de negocios y tiene un olfato privilegiado para descubrir talentos. Sin dudas, con vos, dio en el clavo. Sos hermosa y tenés ese acento gallego que te vuelve mucho más interesante. No te he oído cantar todavía, pero seguramente lo hacés muy bien. Me contó mi amigo que hasta el mismísimo Carlos Gardel quedó rendido a tus pies cuando cantaste para él después de su actuación en el París.

-Siempre lo he admirado. Fue un sueño poder conocerlo y cantar para él esa noche.

-¡Me imagino! -Miguel Sixto se apoderó del micrófono para regresarlo a su sitio y luego encendió un cigarro-. ¿Te molesta?

Victoria negó con la cabeza.

-No desperdicies la oportunidad que te han dado, Gardelia. En la vida hay que arriesgarse para alcanzar nuestros sueños. -Se había puesto melancólico-. Yo podría haber triunfado en Buenos Aires; fotografiando a las grandes estrellas de cine. Incluso podría haber llegado hasta París...

-¿Qué pasó? -de repente, tenía deseos de oír su historia.

-Si no te molesta, prefiero contártelo otro día. -La instó a salir del estudio y le pidió a su secretaria que la acompañase. -Dile a Felipe que las fotografías estarán listas en un par de días. Que te vaya bien, muchacha.

Victoria no le prestó atención. Un hombre que estaba esperando en el local acababa de decir que habían asesinado a otra mujer en la ciudad.

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