01.06.2020 

Capítulo 41: Medallita de la suerte

"Al compás del corazón", una novela en entregas de la escritora local, Andrea Milano. Un nuevo capítulo cada domingo con tu diario El Popular.

Esa noche, Victoria volvía a convertirse en Gardelia. Después del susto que se había llevado con la imprevista visita de Julio Pagano, pensaba que ya no tendría la oportunidad de seguir cantando. Gracias a la comprensión, pero, sobre todo, a la complicidad de su tío Armando, todo seguía como siempre.

Aunque no pensaba prolongar demasiado el engaño; era un alivio contar con el tiempo suficiente para reunir valor y hablar con doña Bárbara; la única que ignoraba lo que hacía por las noches cuando se escapaba de casa. Como ya era costumbre, sus amigas pasarían por ella en el automóvil de Lautaro para llevarla al cabaret.

No había hablado con el comisario Peralta desde su encuentro en la biblioteca y esperaba verlo esa noche entre el público. Con la esperanza de que así fuera, se esmeró más que nunca en su arreglo. Se puso un vestido de seda azul que todavía no había estrenado y unos zapatos de tacón aguja para ganar unos centímetros de altura.

El sombrero elegido, un casquete de terciopelo con un velo en la parte de adelante combinaba con el bolso de cuero que había traído de España y que era un obsequio de su madre. En el interior, oculta en uno de sus bolsillos, llevaba una medallita de la Virgen de la Bien Aparecida, la santa patrona de Cantabria, terruño en donde habían nacido sus abuelos.

Se pintó los labios con su tonalidad favorita y, por último, se echó unas gotas de Chanel N° 5 en el cuello y en las muñecas. Como único adorno, lucía un collar dorado.

Ayudada por Corina quien le avisó que su tía se encontraba leyendo en el salón, Victoria aprovechó para salir. Se cruzó con don Armando en el pasillo, quien ante la extraordinaria visión que tenía delante de sus ojos, se quedó pasmado.

-¿Dónde has dejado a mi sobrina? -bromeó, dándole un beso en la mano para no arruinarle el maquillaje.

Victoria sonrió.

-Su sobrina me acaba de decir que lo quiere a usted mucho y que jamás podrá agradecerle todo lo que está haciendo por ella.

-Cuidate, ¿sí? Es lo único que te pido, querida.

-No se preocupe, tío. No me va a pasar nada malo. -Estuvo a punto de comentarle que el comisario Peralta la protegería, pero prefirió esperar y contarle toda la verdad. Después de todo, se lo merecía. -Ya sabe que puede ir a verme cuando le plazca. Diga en la entrada que es mi invitado y lo sentarán en la mejor ubicación, cerquita del escenario.

-Lo haré. En cuanto encuentre una excusa creíble para que Bárbara no sospeche nada, me escaparé una noche de estas y te daré una sorpresa.

Victoria le dijo que nada la haría más feliz y salió de la casa por la misma puerta de siempre para evitar que su tía la viera. El auto de Lautaro estaba estacionado en la esquina y se puso en movimiento apenas la vieron.

Se sorprendió de ver el asiento del acompañante vacío. Estelita y Dorita estaban en la parte de atrás y la saludaron agitando las manos mientras ella se acercaba al Ford A. Lautaro se inclinó hacia el costado y le abrió la puerta. ¿Por qué le habían dejado libre el asiento a su lado? ¿A qué estaban jugando sus amigas? Entró al vehículo con cuidado para que no se le levantase la falda del vestido y se arrebujó con el abrigo, cruzando los brazos sobre el pecho.

-Buenas noches, Victoria. -A Lautaro le costaba apartar la mirada. Jamás la había visto tan hermosa. Apretó el volante con fuerza al comprender que no era para él que se había emperifollado de esa manera.

-Buenas noches, Lautaro. ¿Cómo estás?

-Ahora que te veo, mucho mejor -respondió él encendiendo el motor. En el asiento de atrás, Estelita carraspeó. La miró a través del espejo retrovisor y se dio cuenta de lo que pretendía de él. Le hubiese gustado hablar con Victoria a solas, pero era evidente que su hermana quería cerciorarse de que no saliera con otra de sus jugarretas. -Tengo algo que decirte, Victoria, y espero que puedas perdonarme. -Vio que Estelita sonreía complacida.

-¿De qué se trata? -Si tenía la intención de volver a hablarle mal del comisario, no lo iba a tolerar.

-De mi compañero del diario; Julio Pagano.

Victoria arrugó la frente y apartó la red que le cubría la mitad del rostro.

-Fuiste tú, ¿verdad?

Lautaro asintió.

-No lo hice con la intención de ponerte en evidencia delante de tus tíos. -Se apresuró a aclararle-. ¡Te lo juro!

-¿Cuál fue tu intención entonces? -lo cuestionó, molesta.

Lautaro aminoró la marcha para doblar en la esquina de la calle Vicente López y se tomó unos segundos antes de responderle.

-Estaba molesto por lo que había sucedido en la confitería París. -Bajó un poco la voz, aunque era en vano. Estelita y su amiga no se perdían ni una palabra de lo que sucedía en el asiento delantero-. Te confesé lo que sentía por vos y me dejaste con la palabra en la boca. Creo que al menos me merecía una respuesta... la que sea.

Victoria tenía que reconocer que esa tarde había actuado por impulso y por la rabia de escucharlo hablar mal de Peralta.

-No tenías derecho de enviar a ese hombre a mi casa -le recriminó.

-Aunque no me creas, le di tu dirección sin darme cuenta. -Miró a Estelita con el temor de que lo desmintiera-. Julio me prometió que no volverá a buscarte allí. Te hará la nota en el cabaret o donde lo consideres oportuno.

-Me parece bien.

-¿Entonces me perdonás? -Detuvo el Ford A justo enfrente a La Nuit y apagó el motor. Había gente entrando al cabaret y otros vehículos buscando un lugar donde estacionarse.

Victoria quería creer que lo había hecho en un arrebato de ira; quería estar segura de que su secreto seguía a salvo. Le debía una respuesta, pero no se la daría allí. Santibáñez odiaba la falta de puntualidad y aún debía prepararse para que Gardelia diera lo mejor de sí esa noche.

-Hablaremos más tarde, te lo prometo.

Lautaro se bajó del auto a toda prisa con la intención de abrir la puerta por ella. Le tendió la mano para ayudarla a bajar y a Victoria se le iluminó el rostro con una sonrisa. Pero no estaba sonriéndole a él. Cuando se dio vuelta, se encontró con el comisario Peralta.