24.06 El personal de salud, la primera línea de defensa contra la pandemia

Héroes siempre, reconocidos casi nunca

Una mención especial de las distinciones de EL POPULAR, para los agentes del área de Salud que dan pelea contra la amenaza del momento. Arriesgar para cuidarnos, una actitud común de profesionales y trabajadores desde cada lugar de batalla.

En Olavarría alrededor del 13 por ciento de los infectados por Covid 19 pertenecen al personal de salud, más o menos en línea con la media nacional, que oscila en torno al 14 por ciento, cuatro puntos por encima del promedio internacional según las cifras poporcionadas Organización Mundial de la Salud (OMS).
En las principales ciudades del mundo, incluyendo Buenos Aires y otros grandes centros urbanos del país, se organizaron aplausos al personal sanitario desde balcones y ventanas, como un reconocimiento previsible y justificado para aquellos que están ubicados en la primera línea de batalla contra el virus que sorprendió a la humanidad hace pocos meses y ya se cobró centenares de miles de vidas en el planeta.
También hubo casos de personas que trabajan en el sistema sanitarios agredidos o discriminados por sus vecinos más cercanos con el argumento de que podían ser un foco de contagio por estar tan expuestos al virus.
Es decir que por los mismos motivos que millones de ciudadanos anónimos de todo el mundo aplaudían en determinado horario a médicos, paramédicos y enfermeros (/as en todos los casos) otros más cercanos a ellos los querían alejar por el medio que fuera.
Como es evidente, quienes trabajan en el sistema de salud corren un riesgo mucho más grande de contraer la enfermedad que aterra al mundo (y unas cuantas más) que el resto de la población. Y también afrontan otros peligros, como se enteró buena parte del mundo cuando las noticias internacionales dieron cuenta de la enfermera italiana que se suicidó, devastada por tener que elegir todos los días entre los pacientes a los que se podía asignar un respirados y por ende tener chances de sobrevivir y aquellos que se quedaban sin esa posibilidad y recibían así una condena a muerte.
El virus que inició en el Lejano Oriente su paseo terrible por el mundo puso en el centro de todas las miradas a la gente que trabaja en salud, ya que pasaron a ser de golpe la primera línea de defensa de la humanidad contra una amenaza que en pocas semanas cambió el orden de prioridades del mundo.
Hoy nadie discute seriamente que las personas que trabajan en los sistemas de salud merecen el reconocimiento más sentido de parte de la población del mundo por el simple hecho de que cumplen con su deber. Y su deber es proteger al prójimo ante la enfermedad y todo el sufrimiento que esta conlleva.
Claro que esto no parece implicar que, en realidad, tal reconocimiento es merecido siempre y no sólo en tiempos de pandemia. Que ese reconocimiento también debiera haberse dado cotidianamente, no con gestos ampulosos y palabras grandilocuentes sino con la sinceridad simple de reconocer que la gente de salud no sólo está siempre expuesta a virus y bacterias sino que, por si fuera poco, está sometida siemre a las exigencias, a veces desmesuradas, de pacientes y familiares de pacientes.
En Olavarría, al igual que en el resto del mundo, los trabajadores de la salud sufren cotidianamente distintas formas de violencia en el trabajo debido a que las personas que son atendidas y sus allegados responsabilizan casi siempre a médicos o enfermeras de lo que casi siempre es el avance o el final lógico de una patología.
No hay demasiados estudios en el país sobre la violencia en el trabajo que sufre el personal sanitario, pero en Olavarría muchas veces han trascendido los casos más graves de las agresiones perpetradas por familiares de algún enfermo o herido que supusieron que su pariente o amigo no era atendido con la diligencia que ellos suponían inevitable, sin tener en cuenta,por ejemplo, lo saturado que pudiera estar un servicio de guardia.
Para la OMS la violencia en el trabajo son "aquellos incidentes en los que la persona es objeto de malos tratos, amenazas o ataques en circunstancias relacionadas con su trabajo, incluyendo el trayecto entre el domicilio y el trabajo, con la implicación de que se amenace explícita o implícitamente su seguridad, bienestar o salud".
Y la misma organización informa que casi un 25% de todos los incidentes de violencia en el trabajo se producen en el sector sanitario. Basta conversar con un médico o una enfermera del Hospital sobre el tema para enterarse de que en Olavarría ocurre más o menos lo mismo que en todo el mundo.
Y el personal de salud vive esos riesgos cotidianamente y en general parece asumirlo, naturalizarlo, como si fuera algo inherente al oficio. Hay médicos, enfermeras, ambulancieros que tiemblan cuando se produce una emergencia en más de un barrio de Olavarría, conscientes de que al llegar al lugar desde donde fueron convocados podrían encontrarse con energúmenos que les prometen la muerte si no salvan al herido por cualquier medio.
Más de uno ha sido golpeado en esas salidas peligrosas.
Es decir, la gente de los servicios de salud no necesita de ningún virus para que el suyo sea un oficio de riesgo. O para ser merecedores de un reconocimiento serio y sentido de parte del resto de la población, si bien la pandemia sorpresiva sea una buena excusa para plantearlo de una vez por todas.