24.06.2020 Es reconocido en distintos puntos del país y también fuera de la Argentina

Mariano Verón, el gran escultor de su vida

Tiene cuarenta años pero a los diez ya comenzó a descubrir lo que iba a seguir haciendo en su vida. Lo atrapó el arte en forma de escultor. Hace tallados, da clases y vive la vida de la forma en que se la transmitió su tía Tata. 

Mariano Verón tiene 40 años (los cumple el 1 de julio), pero es escultor de casi toda su vida. Ese sueño comenzó a los 10 años, cuando iba a quinto grado en Cáneva, cuando con la maestra de artes plásticas Nancy Librandi hizo su primer grabado. Eligió el tema relacionado con los pueblos originarios y a partir de ahí fue descubriendo cada día algo que tenía muy adentro, esa pasión por el arte, que terminó decantando en uno de los mejores escultores que tiene el país, ya que ha representado a la Argentina en encuentros de nivel internacional ("A Uruguay ya fui tres veces", dice).

El grupo de boys scout de Nuestra Señora de Luján también lo fue guiando. "Y mi tía, la Tata (Orlanda Del Zotto) también me marcó muchísimo en mi vida. Por eso cada vez que hago una foto yo me pongo con el dedo índice hacia arriba, y es un saludo especial para ella. Me marcó por su estilo de vida, sus convicciones. Falleció a los 95 años y siempre la tengo conmigo, porque cuando mi papá (Alberto, empleado en una empresa preventista) estaba trabajando o mi mamá (Liliana Ercoli, docente) me fue criando mi tía, que tenía frutales, mucha tierra y me contaba sus vivencias. Me fui impregnando de lo que me fue contando, me marcó en valores, en esencia, en empezar a leer, de viajar a través de la lectura, de abrir la imaginación. Me dejó un legado" dice Mariano.

En su adolescencia compró muchos libros, pero se los regalaba a sus amigos, como una ofrenda. "Es que la lectura es como una semilla que se va cultivando en cada uno, y da apertura al mundo. Se pueden contar historias a través de un libro", afirma. Fue creciendo y en el arte fue encontrando su camino, porque ese estilo de vida lo siguió marcando. "Para mí, mi vida es una creación. Fui tomándole de distintos maestros. Es mi propia obra de arte. Tuve muchos maestros, gente que confió en lo que fui haciendo. Vivencié la naturaleza con los scouts y en esa época empecé a tallar con una cortapluma de mano. Quería plasmar en la madera una imagen. Como soy curioso, empecé a investigar. A los 16 años pasé por la escuela de Armando Ferreira, otro gran maestro. Aprendí a manejar las herramientas y descubrir el arte de grabar. En un taller de Raúl Elizaga hice una cara. Fue el primer paso. Después compré las guvias, para seguir haciendo trabajos" contó.

"Fui scout hasta los 22 años. Esa etapa fue hermosa, me formó también. Y cuando fui a Junín de los Andes a trabajar como pizzero, allá hice muchos grabados y afirmé lo que venía sintiendo. Conocí a otro artista que se había formado en Estados Unidos, Cristian Oviedo, que hacía truchas talladas. Volví a Olavarría y ya empecé a tallar en formato más grandes" recuerda, cuando sus primeros trabajos "en serio" fueron sobre una máquina de coser de la tía Tata.

Se fue armando su taller con todas las herramientas. El objetivo estaba más claro y poco a poco se fue transformando en un reconocido escultor que llamaron desde otros puntos del país. Así fue que en Ushuaia es una figura relevante, y allí fue que se destacó haciendo figuras en nieve. En Uruguay también talló sobre arena, y también lo ha hecho en piedra (sobre granito rojo).

Con referentes y maestro como Antonino Pilello, escultor de descendencia italiana que trabaja en el sur argentino, siguió formándose y aprendiendo. Con el capitalino Xavier Barrera Fontenla (segundo jefe del equipo de escultura del Teatro Colón) ha formado el equipo "Capitanes Argentinos" con el que representó a la Argentina en certámenes en Uruguay. También se conocieron en el sur y ahora son grandes amigos. "Una persona sencilla, humilde, y eso es admirable. Porque es un fenómeno y siempre mantiene esa esencia" dice Mariano, que también tiene su forma sencilla, su forma de hablar mansa y tranquila, y esa forma de vivir que lo lleva a todos lados.

Tomás Franzoi, con el que hicieron aquel tiburón de cinco metros en el sur, "es otro referente en mi vida. Transmite lo que viven, lo que aprenden, y eso habla de la pasión que ponen en el arte, los valores, el esfuerzo y la humildad. Que trabaja en equipo, como Xavier, y esa camaradería que tuvimos siempre es algo que nos caracteriza a los tres" agregó.

Distribuye su vida entre el trabajo en su taller, las clases que da en Azul (Escuela Municipal de Platería), Tapalqué (Centro de Educación Agraria 27) y Olavarría (en Loma Negra, cursos de carpintería rural y horno de barro, en el CEA 7; más clases en el NIDO y en la Granja de Adolescentes), y su hijo Leónidas (4). "Mi propósito en la vida es este: siento que soy arte y lo traigo al mundo para hacerlo con pasión, compromiso, creatividad y constancia. Que sea arte siempre", dijo Mariano Verón. Y así será.