24.06 Hilda De los Santos y su "Rincón de Luz"

El comedor donde siempre se encuentran respuestas

Desde 2000, y sin interrupciones, Hilda De los Santos lleva adelante el comedor "Rincón de Luz", donde los más desprotegidos siempre encuentran respuestas a sus necesidades. Ubicado en el barrio Martín Fierro, ha debido cambiar el formato de su ayuda a causa de la pandemia de Covid-19.

"Más de una vez he sacado de lo mío para darlo. Porque no quiero que la gente se vaya con las manos vacías y mucho menos, si hay chicos de por medio". La afirmación no es casual y pinta de cuerpo entero el espíritu con el que Hilda De los Santos concibe y gestiona el Comedor "Rincón de Luz", nacido en uno de los barrios periféricos de Olavarría con la crisis de 2001.

Desde entonces, esta mujer solidaria y emprendedora no ha parado de ayudar. En realidad, ya lo hacía antes: madre prolífica, Hilda De los Santos fue manzanera en la época en que Chiche Duhalde impulsó aquel plan de salvataje "copiado" del exterior y destinado a madres y familias bonaerenses. En 2001, la abrupta caída de las variables económicas puso a miles de argentinos a las puertas de la pobreza. Y fue entonces cuando Hilda abrió las puertas de su propia casa para intentar aliviar las necesidades más urgentes.

El comedor "Rincón de Luz" funciona en el salón contiguo a su propio domicilio, ubicado en Celestino Muñoz 1204, en el corazón del barrio Martín Fierro, que desde entonces ha sido creciendo y enriqueciéndose con nuevos e indispensables servicios, como el agua corriente.

Hasta marzo último, cuando debió cambiar la modalidad de trabajo a causa del Aislamiento Social, Preventivo y Obligatorio dispuesto en el marco de la pandemia por Covid-19, Hilda De los Santos se puso al frente de su cocina cada lunes, miércoles y viernes. Eso, mientras entre sábado y domingo ayudaba con lo que tenía a mano, además de aportar merienda y juegos recreativos para los más chiquitos. En algunos tiempos ayudada por sus hijas Laura y Andrea, en otros por vecinos y voluntarios, elaboró guisos, tallarines o risottos para nutrir las viendas que, en tandas, los propios interesados retiran del lugar.

No son sólo vecinos: las necesidades no reconocen límites geográficos y por eso, la demanda suele llegar desde el otro lado de la Ruta 226, bajo la forma de una abuela que no conoce más mano extendida que esa ración que le concede Hilda. O en el vientre abultado de una adolescente que no puede preparar siquiera la mantita en la que recibirá al bebé, tan próximo a llegar.

Hoy, con los cuidados extremos que supone el riesgo del coronavirus, Hilda De los Santos ha cambiado viandas de comida humeante por alimentos que entrega en bolsonas para que luego las propias familias los preparen. Y también ha mutado horarios. "Hasta que esto pase, estoy trabajando a la hora del almuerzo y no en la cena", resume la mujer que ha fijado ese reparto en el horario de 13.30 a 15, los lunes, miércoles, viernes y sábado.

"Entregamos con barbijo y con guantes. Y les pedimos que se agrupen y venga una persona cada tres o cuatro grupos para evitar las aglomeraciones", provocadas por las 54 mamás y 186 chicos a los que el comedor provee alimentos. "Es que hay que cuidarse un montón -reflexiona-: entonces, preparamos bolsitas con nombre y apellido y así se van llevando los alimentos".

¿Qué contienen las bolsas? "Los ayudamos para que se cocinen en sus casas" y por eso mismo, cada entrega incluye verduras, frutas, leche, zucoa, azúcar, carne y hasta helados -donados por una conocido marca de comercialización nacional-, sin olvidar el pan ni las facturas. "Afortunadamente y gracias a Dios y a la gente solidaria de esta ciudad, la provisión es muy completa", argumenta la referente del comedor.

En estos tiempos difíciles -que además de la prevención extrema, incluye nuevas dificultades e ingresos acotados-, también se incrementó la demanda. "Sí, claro, los pedidos aumentan. Y si bien yo tengo todo preparado para repartir, viene alguna mamá y me pregunta si le puedo dar una manito, porque vio que estábamos entregando. Y le tengo que dar. Si hay, no tengo problemas. Ocurre también que más de una vez he sacado de lo mío para darlo. Porque no quiero que la gente se vaya con las manos vacías y mucho menos, si hay chicos de por medio, porque los adoro", analiza la mujer, madre de 9 hijos.

Ese amor por los bajitos la ha impulsado a impulsar viajes recreativos al mar. "Estoy juntando para que vayan con sus zapatillitas, sus remeras idénticas y la merienda respectiva. Y cada día, ellos me preguntan cuándo llega esa ocasión única", dijo alguna vez sobre la ilusión infantil de conocer el mar. Tampoco ha dejado pasar fiestas de Reyes ni del Día del Niño, y multiplicó golosinas, tortas y obsequios para agasajar a los más chicos.

Su tarea no se limita a lo alimentario y por eso, Hilda implementa un roperito que recibe donaciones de calzados y ropas que luego, en la medida que va recibiendo, distribuye entre quienes los necesitan. Lo mismo ha ocurrido, históricamente, ante cada inicio de ciclo lectivo. Es entonces cuando los útiles y los elementos escolares cobran relevancia, porque "se hace difícil mandar 5 ó 6 chicos a la escuela. Es cierto que las mamás tienen un subsidio, pero con esa plata, si los vestís y los calzás, no les das de comer", ha asegurado más de una vez sobre esos chicos ante los que se cansa de repetir que "si no tienen conducta y no tienen un estudio, hoy en día no son nadie".

La otra pata del comedor "Rincón de Luz" son sus socios y benefactores, que ayudan a ayudar. "En estos tiempos, se nos complicó la cobranza a los socios", que en algunos períodos llegaron a sumar medio millar. Sin embargo, "no aflojaron" quienes se acercan a la esquina de Muñoz y Canaveri llevando donaciones en alimentos para alimentar -valga la redundancia- la inmensa tarea solidaria de este comedor donde siempre los más desprotegidos encuentran respuestas.