24.06.2020 El respirador artificial que desarrollan en la Unicén profesionales olavarrienses

RAC-1, aire para luchar contra la pandemia

A la tormenta de citoquinas que ha puesto contra las cuerdas a la salud de la humanidad como nunca antes desde la gripe española de comienzos del siglo XX, le ha salido al paso una tormenta de sinergias cuya única misión es acabar con esta pesadilla que se llama coronavirus. 

Científicos, profesionales de la salud, el Estado, actores sociales y otros colectivos hace casi un semestre vienen aportando sus recursos intelectuales y materiales en este contraataque sanitario que aún -lamentablemente- no conoce su fecha de caducidad.

En Olavarría, un grupo de ingenieros, docentes y alumnos avanzados de la Facultad de Ingeniería de la Universidad Nacional del Centro están trabajando, desde el mismo momento que la amenaza del COVID-19 se instaló sobre la ciudad, en el desarrollo de un respirador artificial de bajo costo y alta prestación.

El contexto de pandemia ocasionado por el Coronavirus puso en amenaza el sistema nacional de salud y como consecuencia de ello rápidamente se entendió que era muy probable que los equipamientos disponibles fuesen insuficientes para lo que podía venir.

Primero fue un graduado de la Facultad de Ingeniería de Olavarría quien se propuso diseñar un respirador artificial para los tiempos de crisis.

Inmediatamente, la FIO dispuso todos sus recursos (humanos y materiales), al servicio del proyecto.

Desde entonces, no hubo domingos ni feriados para un grupo de docentes, investigadores, estudiantes y no docentes, que trabajaron silenciosamente y sin pausa.

Así se logró desarrollar el RAC-1 (Respirador Argentino de Crisis), un equipo pensado y hecho en la Universidad pública para asistir a pacientes con dificultades respiratorias por el COVID-19.

El equipo está integrado por 14 ingenieros, estudiantes avanzados de la FIO, empresas, y graduados, que se propuso diseñar un instrumento tomando como modelos a varios de los respiradores que tenían a disposición los hospitales.

El RAC no tiene fines de lucro, ha contado con el aporte de empresas, organismos y personas que se sumaron desinteresadamente.

Con muy bajo costo relativo, el RAC-1 cumple con las reglamentaciones vigentes para su función, y ha debido sortear complejos procesos previos a su homologación.

"Planteamos una propuesta de trabajo diferente a las que se veían en los grupos de Internet: un respirador en serio, no una mecanización. Es un respirador de modo mandatorio, no es complejo, sino resumido con funciones básicas" resumió Pedro Escobar, bioingeniero, docente e investigador en la Facultad de Ingeniería de la Universidad Nacional del Centro, que está al frente del proyecto.

En primera instancia una delegación de profesionales olavarrienses presentó el equipo en Inspire Femeba, un centro de simulación de la Federación Médica de la Provincia de Buenos Aires (Femeba), en la ciudad de La Plata, a través de una gestión realizada por el Ministerio de Gobierno bonaerense.

Luego fue puesto a prueba en el simulador de la Asociación de Anestesia, Analgesia y Reanimación de Buenos Aires (AAARBA), con resultados muy satisfactorios, y devoluciones técnicas y tecnológicas con el objetivo de mejorar la versión final.

En esos laboratorios especializados se observó el funcionamiento del respirador a un régimen de trabajo habitual en pacientes con dificultades pulmonares.

En la última quincena el trabajo ha sido más duro aún de lo que venía siendo, con la premisa de cumplir con todos los requerimientos para el armado del prototipo definitivo, antes del examen final que debería afrontar esta semana en el Instituto Nacional de Tecnología Industrial (INTI)

El proyecto contempla realizar en su etapa inicial, una línea de montaje para la fabricación de 100 respiradores al mes, con la posibilidad de incrementar la producción según la demanda, aunque la ilusión es que nunca sea necesario usarlo en pacientes con su salud comprometida por el COVID-19.