23.09 | Información General Ser docente en la virtualidad

"Me falta ver el mundo a través de sus ojos"

"Nos hemos reinventado. La tecnología atravesó nuestras vidas", dice Belén Pezet mientras se aferra al celular y al WhatsApp como puentes indiscutidos para llegar a todos sus alumnos en el medio del campo.

Algunos le aclaran que están "arriba del tractor", que van "a caballo hasta donde agarro señal" o directamente acuerdan un horario para "ir a la casa del patrón o encargado que hay mejor señal".

"Enviamos tareas, hacemos videollamadas para explicar o despejar dudas y en algunos casos enviamos las tareas a la directora y ella las imprime y reparte", cuenta la docente que vive en Olavarría y también recurre a videos para garantizar la continuidad pedagógica. Es coordinadora del área de Promoción de la Comunidad Rural y Cultura y las materias que dicta son Plan de Búsqueda, Construcción de Ciudadanía, Política y Ciudadanía y Trabajo y Ciudadanía.

"Nos hemos centrado en la situación personal de cada alumno y cada familia", reconoce tras reafirmar un dato conocido pero no menor: la conexión de Internet en el campo es un problema y en la mayoría de los casos resulta intermitente, mala o inexistente.

"Me falta la afectividad, tan necesaria en la enseñanza. Me faltan las miradas que dicen más que mil palabras. Me faltan la charlas, los desafíos, darles la palabra del aliento en el momento justo. Me falta la convivencia que nos regala el CEPT y me falta que me enseñen a ver el mundo a través de sus ojos", dice la docente a modo de catarsis. Ese es el costo de la pandemia, posponer el vínculo cara a cara y ese estar con los estudiantes tan intransferible.

Se emociona con la Promo 2020 que "no abandona sus sueños y agazapada espera la revancha de la vida" y está orgullosa de que todos sus alumnos se hayan adaptado y sigan "escribiendo su futuro" mientras "los padres nos acompañan de manera incondicional". En sus pares encuentra "el sostén para seguir peleando y transformándonos juntos".

Eligió la enseñanza rural porque se enamoró del CEPT, de esa alternancia y de ese traspasar tranqueras para llegar a cada casa a "tejer vínculos porque cuando un alumno ingresa al CEPT lo hace una familia. Somos una gran familia ensamblada en la que todos aprendemos de todos. Nos peleamos, como en toda familia y somos muy diferentes y seguimos apostando a la educación, crecimiento y desarrollo del medio rural".