23.09 | Información General La Dra. De la Torre habla del trabajo y de la "empatía" del lugar

Movilizadora carta de la directora médica del Hogar de Ancianos

Lleva 24 años en la institución que hoy dirige. Ahí mismo donde ni los protocolos más estrictos pudieron contra el covid. Por eso, pone en valor el rol de las 15 valientes mujeres que cuidan y acompañan a 40 residentes del Hogar. En un espacio que es refugio y casa. Un lugar que abraza y que elegiría para pasar sus últimos días.

Son "mujeres que abrigan, abrazan, acarician, consuelan, dan la medicación", que se ponen al servicio y han "llorado de bronca" y "luchado a brazo partido" para sobrellevar el avance de un virus ilimitado y tan limitante a la vez. Así lo plantea la doctora Silvia de la Torre, directora médica del Hogar de Ancianos San Vicente de Paul en una movilizadora carta donde cuenta el día a día y la batalla permanente en ese espacio que conoce desde hace 24 años.

"El Hogar de Ancianos San Vicente de Paul es una casa. Una casa grande donde viven casi 40 adultos mayores entre hombres y mujeres. Hay quienes llegaron porque se encontraban en situación de calle. Otros porque perdieron a sus seres queridos y muchos más porque sus familias no podían cuidarles y depositaron su confianza en este lugar", plantea la médica.

Son personas que "ofrecen sus cuerpos, sus brazos y sus cuellos para que los abuelos les abracen y tomen fuerza para levantarse de las camas

  • Actualmente, hay "15 mujeres las que trabajan en este hogar, cuerpo a cuerpo, con cada uno de los residentes, tan cerca como se necesita para darles de comer en la boca, bañarles, cambiarle pañales, vaciar las bolsas de las sondas vesicales, las de colostomía, empujar sillas de ruedas, poner chatas, lavar, planchar, tender camas, cocinar, servirles la comida, darles la leche, limpiar pisos, lavar baños, llamar a las emergencias ante cualquier descompensación y mientras tanto realizar los primeros auxilios, comunicarse con los familiares, ir a buscar recetas, sacar turnos", detalla la profesional.
Son personas que "ofrecen sus cuerpos, sus brazos y sus cuellos para que los abuelos les abracen y tomen fuerza para levantarse de las camas, para evitar la postración y las tan temidas escaras. Mujeres que abrigan, abrazan, acarician, consuelan, dan la medicación diaria organizándola prolijamente y previamente cada una en su pastillero", valora De la Torre.

La profesional señala que "lo más importante de destacar es que desde antes del 20 de marzo estas mujeres ponen en práctica un estricto protocolo de aislamiento convirtiéndose entonces a partir de allí en las familias de quienes habitan el Hogar de Ancianos debido a la cuarentena a causa de la pandemia y todo lo inherente a la cotidianeidad pasa solo por ellas".
Son mujeres que "han dejado de lado sus familias, sus afectos, sus niñeces pequeñas, sus seres queridos -en algunos casos también ancianos y enfermos-, para pasar semanas enteras sin volver a sus casas, pensando en la mejor manera de preservar la salud de nuestros queridos viejos".

Con vaivenes y sentimientos encontrados, que "han llorado de bronca y de impotencia ante la realidad que hoy nos atraviesa ya que a pesar del esfuerzo, el dolor irrumpió en los amplios pabellones y no dejó rincón sin tocar para demostrar su poder de contagio pero tal es la generosidad entre ellas que no distinguen el resultado de un hisopado y, anteponiendo el cuidado de los abuelos y abuelas, se ponen al servicio de ellos y de sus propias compañeras voluntariamente".

Eso obligó a redoblar los esfuerzos y hoy "son 9 las mujeres que desde hace 10 días están luchando a brazo partido contra el Covid-19 en el Hogar, haciendo caso omiso a los síntomas que el virus les ocasiona en sus propios cuerpos para proteger y cuidar a los residentes del lugar. Esto significa que han decidido permanecer en sus puestos de trabajo". 

Compromiso y empatía

Silvia De la Torre se siente parte de ese lugar, que conoce desde hace 24 años, "cuando comencé voluntariamente a confeccionar las historias clínicas por aquel entonces. Desde hace mucho tiempo soy la directora médica de este lugar y sigo sosteniendo que si un día me quedo sola en el mundo quisiera, como le digo siempre a Sofía, que me guarde una habitación del fondo a la derecha para poder ver el sol en la mañana porque ahí quiero estar los últimos días de mi vida".

No son tiempos fáciles, los admite y reconoce que como médica debe "mantenerme entera y sana para poder seguir trabajando y ayudando en los diferentes lugares de riesgo donde me desempeño. Siento que mi mente y mi cuerpo deben partirse en mil pedazos para que nadie que lo requiera quede sin atención, sin respuesta, sin acompañamiento, sin consuelo. Pero no se puede ni tampoco puedo poner en palabras tal sentimiento".
  • En su emotiva carta, que difundió a través de un video por las redes sociales, se dirige finalmente a los familiares de los residentes del Hogar de Ancianos: "Que tengan la plena seguridad que sea cual fuera el resultado final en este lugar se puso corazón, entrega, responsabilidad y empatía. A quienes ya perdieron a su ser querido les acompaño su sentir y a este equipo de valientes mujeres, que lo están dejando todo quiero decirles, que estamos juntas para afrontar los efectos de esta pandemia. Que seguiremos trabajando como siempre: con optimismo, convicción y responsabilidad sabiendo que cada quien da lo mejor que tiene en pos de cada abuelo o abuela que reside en este hogar, en esta casa grande donde lo más importante son nuestros queridos viejos y por ellos lucharemos hasta el final".
El mensaje cierra con un "orgullosamente, directora médica del Hogar de Ancianos San Vicente de Paul, Silvia de la Torre, matrícula profesional 81242".