22.11.2020 

Capítulo 66: Loca ilusión

Esa tarde, Victoria experimentó cierta inquietud cuando entró al viejo edificio de la calle Alsina en donde funcionaba la biblioteca. Seguí leyendo

Saludó a Dorita con un beso en la mejilla y tuvo que hacer un gran esfuerzo para que su amiga no percibiera el leve temblor en sus manos. Resolvió que era mejor no contarle nada de la perturbadora visita de Leonor y de su amigo para evitarle un disgusto. Con lo aprehensiva que era Dorita, terminaría más asustada que ella.

-¿Te pasó algo? -inquirió su amiga ante su repentino silencio.

Victoria negó con la cabeza. Necesitaba espantar los malos pensamientos si no quería ponerse al descubierto. Recordar la maravillosa noticia que le había dado Lautaro esa mañana mientras la conducía hasta su casa, le iluminó la mirada.

-En realidad sí hay algo que ocurrió y que me muero por compartirlo contigo y con Estelita...

-¿Acabo de oír mi nombre?

Las muchachas se volvieron de un sopetón cuando Estelita Madariaga ingresó a la biblioteca a paso firme y con una sonrisa en los labios.

-¡Parece que Victoria tiene buenas noticias! -exclamó Dorita, ansiosa.

Después de los saludos de rigor, Victoria les contó las novedades. Se hizo un silencio generalizado mientras sus amigas se tomaban el tiempo suficiente para asimilar lo que acababan de escuchar. Cuando cayeron en la cuenta de que Victoria, más bien Gardelia, tenía la gran oportunidad de triunfar en Buenos Aires, los gritos y la algarabía se hicieron eco dentro de los muros de la Biblioteca Popular de Olavarría.

-Me imagino que vas a ir, ¿no?

Victoria no respondió de inmediato. Apartó una de las sillas y se sentó. Esperó a que sus amigas hicieran lo mismo y respiró hondo antes de darles una respuesta.

-Sin dudas, es la oportunidad con la que he soñado durante mucho tiempo. -Tenía los ojos humedecidos por la felicidad. En realidad, desde que le habían dado la noticia, vivía con las emociones a flor de piel. -Mis tíos todavía no saben nada. Lo supe esta mañana, gracias a Lautaro.

-¿Mi hermano? -Estelita se mostró sorprendida.

Victoria asintió.

-Me lo encontré en el centro por casualidad; estaba lloviendo y se ofreció a acercarme hasta mi casa. Yo me negué -se apresuró a aclarar, pensando en los sentimientos de su amiga Dorita- pero me dijo que tenía algo muy importante que contarme y me convenció.

-¿Se porto bien con vos? -quiso saber Estelita, desconfiando de Lautaro.

-Sí, se portó muy bien. -Victoria obvió la parte en la cual, presa del entusiasmo, le había dado un abrazo a Lautaro para celebrar las buenas nuevas. Aunque no había hecho nada malo, conociendo a su amiga Estelita, prefirió ocultárselo. -Julio Pagano se puso en contacto con gente de Radio Splendid a pedido del señor Santibáñez.

-¿Tu patrón? -Dorita, siempre la más propensa a desconfiar, puso mala cara.

-Sí, parece que quiere que Gardelia traspase las fronteras del cabaret y cante en Buenos Aires.

-Ese hombre no me gusta nada -terció Dorita.

-¡Ni a mí! -concordó Estelita.

-Eso no importa, chicas -dijo Victoria, restándole importancia al hecho de que Felipe Santibáñez estuviese detrás de la gran oportunidad que se le acababa de presentar para ser escuchada en una de las radios más importantes del país-. Creo que las influencias de mi patrón no llegan tan lejos y si en Buenos Aires quieren conocer a Gardelia, es porque Carlos Gardel les habló de mí. Pagano también se lo comentó a tu hermano.

Sus amigas se quedaron con la boca abierta.

-¡Entonces no podés rechazar semejante ofrecimiento!

-¡No, no podés! -exclamó Dorita. -¡Tenés que hablar con tus tíos lo antes posible!

-¡Y con el comisario Peralta! -añadió Estelita, emocionada hasta las lágrimas por su querida amiga.

Victoria soltó un suspiro antes de soltarles lo que planeaba hacer.

-Voy a ir a Buenos Aires, aunque mis tíos no me dejen -afirmó-. Con respecto a Martín... Si me animo, se lo contaré cuando lo vea mañana en su casa.

-¿En su casa? -preguntaron al unísono las muchachas.

-Sí. Doña Eulalia, la mujer a la que Martín quiere y trata como a una madre, quiere conocerme. Mañana almorzaré con ellos y el domingo por la noche, Martín cenará conmigo y mis tíos.

-El romance va en serio -manifestó Estelita, sonriendo de oreja a oreja.

-¡Muy en serio! -respondió Victoria, contagiándose de su sonrisa.

Dorita no hizo ningún comentario. Era una excelente noticia; no solo para su amiga, sino también para ella, sin embargo, el hecho de que Victoria y el comisario Peralta afianzaran su relación sentimental no implicaba que ella pudiese ganarse el corazón de Lautaro Madariaga. Dejó escapar un suspiro tan profundo que sus amigas se voltearon a verla.

-¿Qué pasa?

-Nada -contestó, haciéndose la distraída.

-Ese suspiro es por mi hermano, ¿me equivoco?

Dorita se mordió el labio inferior y bajó la mirada.

-Lautaro tiene que hacerse a la idea de que Victoria no es para él y me parece que es necesario que sepa que mañana ella va a almorzar en su casa. -Hizo un ademán con la mano para impedir que la interrumpieran-. Ese insensato va a olvidarla; es solo cuestión de tiempo. -Sujetó a Dorita por los hombros-. Y vos sos la mujer indicada para que Lautaro deje de soñar con un imposible. Te voy a ayudar a conquistarlo, aunque sea lo último que haga en la vida. Por lo pronto; estás invitada a cenar mañana a la noche en la estancia. Nuestro padre regresó ayer de Buenos Aires y le gusta recibir visitas para alardear de su viaje. ¿Qué mejor ocasión para propiciar un acercamiento entre vos y él?

-¿Estás segura, Estelita? -la que preguntó fue Victoria porque Dorita no había abierto la boca.

-Ustedes déjenme a mí. Conozco muy bien a mi hermano y sé que tarde o temprano, cuando se le pase el entusiasmo y se dé cuenta que está perdiendo el tiempo corriendo detrás de un hueso que ya tiene dueño, empezará a mirar para otro lado. Y nos aseguraremos que sus ojos, esta vez, apunten en la dirección indicada.

Victoria, y sobre todo Dorita, no tenían ninguna duda al respecto. Cuando a Estelita se le metía una idea en la cabeza, nadie se atrevería a contradecirla.