29.11.2020 | Columnistas Reflexiones de un grupo de olavarrienses entre la incertidumbre y la esperanza

El 2020 pandémico: el año sin fin

Miedos y falta de previsión se entremezclan con alguna certeza. Como la de sentir que el covid no hizo más que dejar al desnudo los costados más crudos y los más bellos de la humanidad. Un fin de año que sólo figura en los almanaques. Cinco olavarrienses reflexionan sobre estos tiempos turbulentos.

 Claudia Rafael // [email protected]

"Es un año que no termina", definió Ignacio Montoya Carlotto en una sensación compartida colectivamente. Circulan memes por redes sociales que -desde el humor- intentan despedir a este 2020 pandémico para soñar un 2021 piadoso pero en el fondo, hay una marcada conciencia de que más que nunca el fin de año será simplemente un tecnicismo en el calendario. Que no habrá un "arqueo", como definió el nieto 114, porque recién llegará cuando la pandemia sea un mal recuerdo en la historia.

La histriónica Josefa Martínez reflexiona que "sería muy deprimente pensar que no está por venir lo mejor. Creo que el ser humano es de por sí esperanzador. Una siempre tiene la esperanza de terminar para que venga algo mejor. Después por ahí no viene, pero no pierdo la esperanza".

El que es buena gente lo siguió siendo y el que no, se cagó en todo y si se pudo beneficiar y sacar ventaja, lo hizo

Junto a esa certeza de que los almanaques tendrán una extraña continuidad fluyen la incertidumbre, el miedo, la angustia. Y, para más de uno, la convicción de que la pandemia no modifica sino que desnuda y hasta profundiza actitudes preexistentes. Josefa Martínez peluquera top de la ciudad, artista y travesti, fue clara: "En lo concreto, en la actitud social ante la pandemia, creo que es lo mismo pero más al desnudo. La gente solidaria se mostró más solidaria y la gente sorete, siempre lo fue. Yo sabía que esta pandemia no es que iba a sacar lo mejor de la gente. No. El que es buena gente lo siguió siendo y el que no, se cagó en todo y si se pudo beneficiar y sacar ventaja, lo hizo".

Militante histórica, sobreviviente de la tortura y la desaparición, Araceli Gutiérrez piensa que "este año sirvió desde la pandemia, de lo que trajo consigo, para que este país que ya estaba explotado terminara de explotar. Sirvió para mostrar ciertas particularidades del conjunto y de lo individual. Se potenció todo. Quien era egoísta, se volvió más egoísta. Quien era solidario, se mostró más solidario ante la necesidad del resto. Hubo gente que mostró lo que siempre fue y en este contexto es peor. En lo colectivo mostró que todavía nos falta y que hay que entender que a veces se sale entre todos o no se sale, y ésta es una".

Esperanzas de transformación

La incertidumbre suele aparecer hermanada al miedo. Es casi una compañía ineludible. Cómo organizar la vida cuando no hay modo de saber lo que vendrá. Cuando se recortó toda perspectiva concreta para la previsión.

Beto Calderón, militante social, cuenta que en este tiempo "dejé de alquilar. La inestabilidad laboral no permite afrontar un gasto fijo como es un alquiler y uno la rema, la trata de llevar adelante, pero es algo que no se puede garantizar así que tuve que dejarlo. Estamos complicados para la proyección".

Pero aún a pesar de esa realidad colectiva difícil y compleja Beto Calderón no deja de resaltar que "uno apuesta a las esperanzas de transformación. Actualmente no estoy militando, más que en el día a día con los vecinos y las familias y tengo mucha bronca de ver cómo desinforman a la sociedad y por el retroceso cultural que existe. Pero tengo esas esperanzas".

Acá cambiará el año, pediremos nuestros deseos, trataremos de estar cerca de la forma en que se pueda de la gente querida

Para Montoya Carlotto estos son "tiempos tan turbulentos y los balances o arqueo, por decirlo de alguna forma, de lo que es este año, lo vamos a poder hacer cuando haya pasado un tiempo después de la pandemia. Ahora va a terminar el año y todo lo que está pasando va a seguir. No lo vamos a poder resetear como hacemos cada 1 de enero, aunque sea en nuestras cabezas. Acá cambiará el año, pediremos nuestros deseos, trataremos de estar cerca de la forma en que se pueda de la gente querida, pero el eje principal del gran conflicto que se generó a nivel mundial sigue estando presente. Hasta que esto no pase, va a ser un año que se va a hermanar con el que sigue, va a ser todo muy raro".

Marcelo Sarlingo, en el contexto de evaluación de una tesis de Antropología, advierte (en una mirada "muy de cuarta revolución industrial") que "al fin de año me lo imagino como una gigantesca vorágine, un gran remolino que nos lleva y nos lleva. Si algo ha producido la pandemia a nivel microsocial es el incremento de la fragmentación y el aislamiento, y ha generado una extraordinaria dependencia individual de la conectividad y de la vigilancia a distancia. Durante varios meses vi crecer una actitud de mucha vigilancia y control vertical y horizontal, pero pienso que durante el verano puede que esta actitud se atenúe un poco. La gran mayoría de las personas ha aprendido a conectarse y a usar redes sociales, y esto es lo que hará un poco diferente el ambiente festivo".

Incertidumbres compartidas

En un ranking de pedidos navideños el primer puesto será seguramente el mismo: que la pandemia quede atrás. Que pase a ser un mal recuerdo del pasado. Aun a pesar de la convicción de que para ese instante falta mucho aún. Cada quien sabrá hacer las cuentas, en su propia cabeza de cuáles fueron las angustias y tristezas mayores de todo este tiempo. Cuáles fueron los momentos buenos, para capturarlos en una imagen fotográfica a resguardar.

Nos olvidamos de que dentro de 100 años, todos los que estamos en la tierra hoy, no vamos a estar

Josefa Martínez sintetiza gran parte de este tiempo en la palabra "incertidumbre". Y analiza que "estamos viendo que un bicho microscópico nos mata, nos hace estar adentro, con tapabocas y nos hace ver lo miserables que somos. Yo no creo en dios pero sí en el universo o en algo. Y creo que somos egoístas y que pensemos en cambiarnos la cartera, la ropa, mientras hay millones de personas muertas de hambre en todo el mundo... En África, en el Chaco, en una villa miseria de acá... gente con hambre mientras uno come sushi. Es la vida".

El futuro de la humanidad "me genera incertidumbre", coincide Araceli Gutiérrez, a quien la pandemia la ancló en La Plata y la mantuvo lejos de ese monte al que ya no pudo cuidar y al que añora. En lo económico "no hay forma de levantarse y empiezan a surgir los egoísmos de ´me salvo solo´ y hay cosas que tendríamos que tener en cuenta. Que es que estamos entre incendios, tornados, terremotos, maremotos. Todo se conjugó. Yo siempre fui muy optimista. Y creo que vamos a salir adelante, siempre y cuando pensemos que no somos una persona sola, ´mi familia y yo´. Somos todos para salir adelante o no salimos. Y no importa si tenés 2000 millones de dólares o como yo, que cobro una jubilación de 20.000 por mes". Y se ríe ácidamente cuando agrega que "en un tiempito van a ser 21.000".

Al igual que Josefa Martínez, Araceli habla de egoísmos, de la necesidad de unos cuantos de "querer acaparar, de no querer ayudarnos o no ser solidarios con el otro, nos olvidamos de que dentro de 100 años, todos los que estamos en la tierra hoy, no vamos a estar". Entonces cuestiona: "Es tan corta, pero tan corta la vida, como para pasársela amarrocando... sin pensar que tenemos gente que a veces ni come. En 100 años no vamos a estar y todo el tiempo que nos perdimos de estar bajo un árbol, leyendo un libro, tomando un vino con los amigos, con los hijos, los nietos, lo desperdiciamos tratando de generar cosas materiales. ¿Para qué? Esta pandemia nos está demostrando eso. Está matando a cualquiera. Podrás pasarla mejor o peor pero te mata igual. Casi es un tránsito por este mundo al cuete, ¿no?".

Los robots no compran en el shopping, y en estos días se vio que el capitalismo sin consumo no es viable


Mafalda y el capitalismo

Para Marcelo Sarlingo la angustia aparece al ver "que estamos en un limbo, como sociedad y como cultura. Ya nadie repara en los números de las muertes. Veo que las desigualdades se agigantan, aunque la Argentina no sea la peor sociedad del mundo. Hay países muchísimo peores. Y me anima que hay gente joven con muchas ganas de enfrentar y de plantear la construcción de alternativas. Pero me enoja la solidez de diferentes bipoderes que se empeñan cada segundo en obstruir las buenas intenciones y destruir directamente a personas positivas. Hay días en que pienso que el sueño de los gerentes se realiza y los robots reemplazan a todos los trabajadores, porque todos los fines de año traen despidos. Eso sí: la pandemia muestra que la robótica y la automatización no son solución. Los robots no compran en el shopping, y en estos días se vio que el capitalismo sin consumo no es viable".

Tal vez el 2020 pase a la historia como el año sin final. Dice Ignacio Montoya Carlotto: "termina el año calendario pero en alguna medida hay algo que va a hermanar éste con el año que viene. Final de época será para mi entender con la vacuna o lo que sea, cuando esto termine y podamos retornar a una normalidad que nos permita ocuparnos de otras cosas y no tener todo el tiempo una parte de la cabeza en esto que está sucediendo. Que nos atraviesa de una forma terrible. No puedo visibilizar qué va a pasar. Pero sí puedo darme cuenta de que es un momento de quiebre o más bien un cambio de época. Tal vez todo vuelva a ser lo que era pero ya nada será igual".

En uno de esos tantos adioses definitivos de este 2020 de pandemia, el de Quino abrió un vacío de enorme dolor colectivo. Aquel grande que le hizo decir a Mafalda en la década del 60 y ante la pregunta de Susanita de "¿cómo será el año que viene?" que será "muy valiente porque como anda la cosa... animarse a venir".