25.03 

Huevos y conejos

El huevo ha simbolizado desde hace miles de años la vuelta a la vida. Con la llegada del cristianismo, se adoptó la tradición del huevo para rememorar la Resurrección de Cristo en Pascua.

Durante la Edad Media se daban huevos en Pascua a los seres queridos. La Iglesia prohibió comerlos entre los siglos XI y XVIII porque se consideraban carne. Por ello, la gente empezó a conservarlos cocidos, decorándolos y protegiéndolos con una capa de cera.

Por otro lado, el conejo de Pascua hizo su primera aparición en la obra de Georg Franck von Frankenau "Acerca de los huevos de Pascua", en 1682. Ahí se hacía referencia a una liebre que traía los huevos en a región de Alsacia. Este conejo portaba una canasta con huevos decorados y dulces, que iba entregando a los niños la noche antes del Domingo de Pascua.

El por qué un conejo es un gran misterio, pero las teorías apuntan a que se debe a su capacidad de procreación. El huevo ha sido un símbolo de fertilidad, y el conejo empezaba a tener las camadas en primavera, después del invierno. Poco a poco se fueron relacionando ambos conceptos hasta nuestros días. Respecto al chocolate, fueron los pasteleros alemanes, allá por el siglo XIX, los que comenzaron a hacer figuras suyas.