26.04 | Información General Parte I / FINDE

Apuntes sobre la vacuna antivariólica

En el marco de actual la pandemia de coronavirus y de la 19ª Semana de la Vacunación en las Américas, que se celebra entre hoy y el 30 de abril, se publica la primera parte de un trabajo del Dr. José Sellés Martínez sobre la historia de la primera vacuna.

José Sellés-Martínez (*)

Esta serie de notas está dedicada a la difusión de la historia de la primera vacuna, responsable de la erradicación total, doscientos años luego de ser creada, de la viruela, el más cruel flagelo que azotara a la humanidad. En este presente, en que se unen las tradicionales acciones de la Semana de la Vacunación en las Américas y el hecho de encontrarnos inmersos en la campaña de vacunación vinculada a la pandemia del Covid-19 no es ocioso repasar los hechos y los nombres de quienes trabajaron -y hasta dieron su vida en muchas ocasiones- para erradicar las enfermedades que atentan contra la salud humana. Por supuesto, como en toda síntesis, falta citar a muchos. Pedimos disculpas por ello. Deseamos, también, homenajear con estos párrafos a sus sucesores actuales, a todos quienes desde principios de 1919 hasta ahora, de un modo u otro, en el laboratorio de investigaciones o en las salas de terapia del hospital, han estado "al pié del cañón".

El trabajo aborda en primer término el desarrollo de la vacuna en Inglaterra a partir del procedimiento denominado variólisis, importado a comienzos del siglo XVIII desde Turquía; continúa con la descripción de la primera expedición de vacunación a nivel mundial, conocida como Expedición Balmis, que fuera encarada por España para paliar la mortandad que la viruela causaba en América y Filipinas. Se completa, en su tercera parte, con las primeras experiencias de vacunación en el Río de la Plata. La inclusión de numerosas obras de arte y retratos en las ilustraciones cumple el doble objetivo de hacer más amena la lectura y poner de manifiesto la incidencia que la viruela tuvo aún en las clases más ricas y poderosas, que en muchos delatan, en sus retratos, las huellas de la enfermedad a la que han tenido la suerte de sobrevivir.

La primera vacuna

"Para observar mejor cómo evolucionaba la infección, inoculé la viruela vacuna a un niño sano de ocho años. La vacuna procedía de una pústula del brazo de una ordeñadora, a quien había contagiado la vaca de su señor. El 14 de mayo de 1796 se la inyecté al niño a través de dos cortes superficiales en el brazo, cada uno de los cuales tenía la anchura de un pulgar.

El séptimo día se quejó de pesadez en el hombro; el noveno, perdió el apetito, tuvo algo de frío y un ligero dolor de cabeza; durante todo el día se encontró enfermo y pasó la noche inquieto, pero al día siguiente volvió a encontrarse bien. La zona de los cortes evolucionaba hacia la fase de supuración, ofreciendo exactamente el mismo aspecto que adquiere la materia virulosa. Para cerciorarme de que el niño, levemente infectado por la viruela vacuna, había quedado realmente inmunizado contra la viruela humana, el 1 de julio le inyecté materia virulosa que había extraído con anterioridad de una pústula humana. Se la apliqué profusamente mediante varios cortes y punturas, pero no dio lugar a ningún ataque de viruela. En los brazos aparecieron los mismos síntomas que provocan las sustancias virulosas en los niños que han sufrido variola o viruela vacuna. Al cabo de unos meses, le volví a inocular materia virulosa, que en esta ocasión no produjo ningún efecto visible en el cuerpo".

Este breve relato del médico inglés Edward Jenner (1749-1823) describe uno de los hechos más trascendentes en la historia de la salud humana, un punto de inflexión a partir del cual nada volvería a ser igual y, como resultado del cual, millones de personas en todo el mundo han podido superar inmunes el flagelo de la viruela hasta lograr su erradicación en la segunda mitad del siglo XX.

La viruela

Desde el punto de vista epidemiológico la viruela ha sido una de las enfermedades más importantes, ya que no sólo ostentaba una muy alta tasa de letalidad (hasta un 30% de casos y aún mayor en la población infantil), sino que quienes sobrevivían a ella conservaban las cicatrices causadas por las pústulas y en algunos casos, llegaban a producir la ceguera. Muchos personajes históricos fallecieron a causa de la enfermedad, incluyéndose en la lista a Ramsés V, que vivió en el siglo XII a.C. durante un período que constituye el registro más antiguo de epidemia de viruela, al emperador japonés Go-Komyo (1633-1654), el mexica Cuitlahuac (1476-1520), hermano y sucesor de Moctezuma, que sólo pudo reinar 80 días, a María II de Inglaterra (1662-1694) y al penúltimo Inca, Huayna Capac (1467-1525).

Otros personajes históricos conservaron para siempre las marcas de la enfermedad; entre los que puede mencionarse a la reina Isabel I de Inglaterra (1533-1603), quién contrajo la enfermedad en 1562 (cuando tenía 29 años) y adoptó la costumbre de utilizar un maquillaje blanco a base de plomo para ocultar las marcas en su rostro. Esta "máscara" blanca , con el que aparece retratada a partir de entonces, puede apreciarse en el óleo de autor anónimo realizado alrededor de 1675, cuando la reina tenía 42 años y en otros retratos de ella realizados con posterioridad a su contagio.

Luis XV (1710-1774), heredó el trono de Francia a los cuatro años al producirse la muerte de su bisabuelo Luis XIV en el año 1714, debido a que el sarampión y la viruela habían hecho estragos en la línea dinástica, falleciendo él también de esta enfermedad. La presencia de nombres como W. A. Mozart (1756-1791) y L. van Beethoven (1770-1827) entre los músicos o A. Lincoln (1809-1865) y J. Stalin (1878-1953) entre los políticos, junto a los antes mencionados previamente, dan testimonio de la presencia constante de la viruela en todas las épocas, las geografías y las clases sociales. Se ha estimado que, hacia fines del siglo XVIII, casi una duodécima parte de la población europea fallecía anualmente por esta causa y su incidencia y su aparición eran tan frecuentes que se menciona el caso de que en determinadas regiones no se daba nombre a los niños hasta que sobrevivieran a la viruela. La asiduidad y contagiosidad de la enfermedad dio también ocasión para que surgiera el dicho popular "Del amor y la viruela pocos se salvan".

Si bien afectó con intensidad a casi todo el mundo, parece haber sido desconocida en América antes de la llegada de los europeos por lo que, dada la ausencia de individuos previamente inmunizados, causó enorme mortandad entre las poblaciones nativas. En Oriente se identificaba a la viruela con un demonio o divinidad que la causaba y se construían altares y se ofrecían ofrendas para que no afectara a los miembros de la familia. El grabado en madera (coloreado en dos versiones diferentes) que muestra al samurái Minamoto-no-Tametomo (1139-1170), famoso por su habilidad con el arco, derrotando al demonio de la viruela es obra de Tsukioka Yoshitosh (1839-1892), el último gran maestro del arte japonés del grabado en madera (denominado ukiyo-e) y forma parte de la serie Nuevas formas de treinta y seis fantasmas, realizada entre 1889 y 1892.

Una temática afín se presenta en el grabado en madera coloreado realizado hacia 1852 por Utagawa Yoshikazu (activo entre 1850 y 1870) que representa al héroe Chinsei Hachiro Tametomo ahuyentando al demonio de la viruela de la isla de Oshima.

Así como los hititas se quejaban de que los egipcios habrían contagiado exprofeso sus tropas con una enfermedad y como los defensores europeos de Jaffa señalaban que la peste del 1348 habría sido contagiada por los mogoles que, diezmadas sus tropas por la epidemia, habrían arrojado los cadáveres infectados por sobre las murallas de la ciudad, otro episodio de "guerra bacteriológica" se asocia a la viruela. En este caso, ocurrido en 1763 en la región de los Grandes Lagos de América del Norte, los oficiales ingleses "regalaron" a los indígenas (que se habían sublevado contra los colonos), mantas provenientes del hospital donde se atendía a los enfermos de viruela en Fort Pitt (actual Pittsburgh). Esta acción se encuentra documentada en la correspondencia de sus principales ejecutores. El grabado inserto en el libro "An historical account of the expeditions against the Ohio Indians, in the year 1764..." publicado en Londres en el año 1765, reproduce un encuentro entre el Coronel Henry Bouquert (1719-1765), mercenario suizo al servicio de las tropas inglesas (y uno de los implicados en la infame acción), y los indígenas, en un episodio que tuvo lugar en el marco de este conflicto bélico. El autor del dibujo es Benjamín West (1738-1820), un reputado artista de origen americano, y el grabador Charles Grignion (1721-1810).

La variolización, una antiquísima práctica oriental

Originado en el Lejano Oriente, el procedimiento llamado "variolización", que consistía en inocular material proveniente de las pústulas de individuos enfermos en individuos sanos, se habría practicado en la India con anterioridad al siglo VIII y en China, ya en el siglo X, aunque los registros documentales son muy posteriores. Los manchúes, al momento de controlar el imperio chino, son atacados severamente por la viruela, enfermedad que prácticamente desconocían, y el mismísimo emperador Shunzhi (1643-1661) fallece por culpa de esta enfermedad, siendo sucedido en el trono por su hijo Xuanye (1654-1722), quién es elegido porque la había padecido pero sobrevivió a ella.

En una enciclopedia médica, el "Espejo dorado del aprendizaje de la medicina" impresa en el año 1742 por orden imperial, se ilustran profusamente los efectos de la enfermedad y se describen los diferentes métodos utilizados para promover la inmunización: poner a los sanos en contacto con ropa de enfermos, inocular pus fresco e inocular costras disecadas. Uno de los métodos de inoculación consistía en insuflar el polvo de las costras en la nariz del individuo con un tubo delgado, de modo que ingresara en el sistema respiratorio.

En Europa, el procedimiento denominado "comprar la viruela" era conocido y practicado por comunidades rurales en distintas áreas y existen registros documentales de ello en el siglo XVII. Consistía en poner a los niños sanos en contacto con enfermos leves, para que se contagiaran, práctica muy similar a una de las utilizadas en China descriptas en párrafos anteriores. En el año 1700 se presentan en la Royal Society de Londres sendos informes acerca de la inoculación practicada en China, pero sin ninguna trascendencia práctica. Lo mismo ocurrirá con otros informas que son presentados con posterioridad por dos médicos que ejercían en Estambul, Giacomo Pylarini (1659-1718) y Emmanuel Timoni (1670-1718). Estos informes se referían a la técnica practicada en el imperio otomano, que producía cerca de un 10% de casos fatales (aunque las cifras varían según distintos autores). Por esa razón y por otros prejuicios no fue bien recibida en principio; su popularización fue consecuencia de la acción de Lady Montagu, de quién se ocuparán los próximos párrafos. (Continuará)

(*) El Dr. José Sellés Martínez es doctor en Ciencias Geológicas, docente y investigador en la Universidad de Buenos Aires (UBA), e integrante de la Sociedad Científica Argentina y del Igeba. También es uno de los referentes del proyecto de Geoparque de la Sierra Baya, en el partido de Olavarría.