02.05 | Columnistas Testimonios desde la Unidad 2 de Sierra Chica

"He visto gente que ha muerto, que se ha lastimado para salir de este Penal"

La palabra de varios detenidos en la Unidad 2 de Sierra Chica permite conocer las condiciones de vida cotidiana en la cárcel. La desatención médica es el elemento saliente. Violencias cotidianas, alimentación deficiente y una política que demasiadas veces concluye en la muerte. En enfrentamientos o por enfermedades, ambos prevenibles.

Claudia Rafael // [email protected]

Dos muertes en el mes de abril, dentro de la Unidad Penal 2 de Sierra Chica , permitieron otear apenas por algunos minutos una mínima parte de la vida al interior de los institutos carcelarios. Dos muertes violentas producto de peleas en el patio abonaron miradas estereotipadas que, sin embargo, no permiten ir a la médula de un sistema complejo, cargado de violencias y ninguneos cotidianos, en donde la histórica política del Servicio Penitenciario Bonaerense, se apoya en corruptelas viejas, en alimentación deficiente o en mal estado y una desatención sanitaria que padece el grueso de los detenidos.

Bajo riguroso anonimato, el testimonio vía WhatsApp de varios detenidos de esa unidad, en diálogo con El Popular, da cuenta de la vida cotidiana y de los particulares aditamentos que la agravaron desde el inicio de la pandemia del covid.

"Lamentablemente ningún penal está preparado para atravesar la pandemia. Cuando alguno de los internos tiene síntomas se lo lleva a la escuela primaria y queda solo dentro de un aula a ver qué pasa. Cuando ya no se puede manejar, cuando necesita atención profesional, se lo traslada al hospital. Al pasar 15 días y si no tiene síntomas, puede volver al pabellón. Pero la persona que es sacada por eso, deja al pabellón totalmente aislado. Queda engomado, cerrado, por 15 días." señaló el interno. 

"Lamentablemente ningún penal está preparado para atravesar la pandemia"

"La gente no puede salir a estudiar, a trabajar, no puede tener encuentros ni visitas con sus parejas. Hasta que la persona que salió con síntomas ya no los tiene. Lamentablemente Sanidad no está preparada para el coronavirus. Y todos los que se agravan tienen que ser derivados al hospital de Olavarría", cuenta G. desde su celda.

Además contó: "Hay una normalidad añeja en las cárceles. Con muchos aspectos notoriamente agravados en este año y dos meses. Aquello que ya estaba mal, hoy está peor. Porque además, los miedos, las frustraciones, las angustias terminan fogoneando de un lado y del otro de las rejas la profundización de ciertas prácticas.

El relato de G. refleja claramente que "hay mucha bronca, no se miden las consecuencias. Y el Servicio Penitenciario junta en esos pabellones a personas que, en muchos casos, tenían enfrentamientos previos ya en otras unidades". Todo deriva en una eterna bomba de tiempo que, tarde o temprano, estalla y lanza sus esquirlas hacia todos lados.

Uno de los testimonios en off refleja que "tampoco está vacunado el personal del Servicio Penitenciario contra el covid. Y eso nos afecta porque hubo mucha gente del Servicio que lo tuvo y que lo tiene. Tenemos que tomar cierta distancia pero no se puede, porque estamos en contacto estrecho con ellos. No tenemos opciones. Pasamos a ser la última parte de la sociedad en lo que respecta a los cuidados. Tratamos de cuidarnos, de tomar distancia porque el virus entra desde afuera, no sale de acá. Y hay celdas donde vive más gente de la debida. Celdas con 3 personas donde deberían vivir 2 y ahí no se puede pensar en ningún tipo de distancia".

J advierte que "la primera parte de la pandemia fue muy complicada. Hubo varios fallecimientos. Muchas personas internadas en la Escuela Primaria. No te daban ni un medicamento. La Sanidad siempre fue un asco y no te cuidan en nada. Yo soy asmático y sufro ataques de pánico y si no fuera por mi familia literalmente no estaría vivo. Sobre todo por los ataques de pánico que volvieron a arrancar en 2019 y son muy fuertes".

En su relato vuelca que "acá podés tener de todo: tv, dvd, heladera... pero siempre te va a faltar la libertad y la familia. Yo tengo a mis papás que son grandes y no quiero que vengan, tengo miedo de que se contagien acá y tengo necesidad de que se cuiden".

De modo pormenorizado da cuenta de la odisea que significó lograr obtener su medicación para los ataques de pánico. Le cambiaron el tipo de tratamiento a otro que no funcionaba aun a pesar de contar con los remedios que había tomado anteriormente y que su familia había hecho llegar a la cárcel. "Si vas a buscar un paf porque sos asmático, tenés que ir arrodillado o ya sin oxígeno en tus pulmones. Es lamentable"

S hace un análisis pormenorizado de las violencias que se crean y que emergen como hongos en la tierra tras un día de lluvia. "Creo que la conflictividad que se genera en esta unidad también es impulsada por el Servicio Penitenciario. Primero, comenzando por el trato que el personal tiene para con el detenido. Y no existe asistencia y tratamiento como estipula la ley. Desde el vamos el trato marca siempre la diferencia de poder ya sea desde el rango mínimo de un agente penitenciario al rango mayor, como el jefe del penal. La violencia sistemática está a la vista y genera las problemáticas adentro. Generan una violencia interna en uno mismo, con el maltrato psicológico, verbal, físico en muchos casos. Pero el maltrato psicológico y verbal es todo el tiempo. Incluso para algo simple como abrir la reja por cualquier necesidad que tengas".

La asistencia médica es un capítulo aparte. S dice literalmente que "no existe. Es nula. Para que te atienda un médico tenés que ir desangrándote y es así el caso de tantas muertes en esta unidad por falta de atención. Por enfermedades como la tuberculosis que estaban erradicadas. Sin embargo, acá es común morirse de tuberculosis. Por falta de atención médica, por mala alimentación, porque no hay predisposición del servicio para mejorar situaciones que tal vez no están a su alcance porque esto es una escalera en donde la corrupción viene desde más arriba".

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