04.05 | Información General FINDE - La erradicación de enfermedades a lo largo de la historia de la humanidad

Apuntes sobre la vacuna antivariólica - (Nota II)

En el marco de actual la pandemia de coronavirus y de la 19ª Semana de la Vacunación en las Américas, que se celebró entre el 25 y el 30 de abril, se publica la segunda parte de un trabajo del Dr. José Sellés Martínez sobre la historia de la primera vacuna, la antivariólica, que luego de 200 años de ser creada erradicó a la viruela.

Lady Montagu, una mujer que no esperó al siglo XX para empoderarse. Mary Pierrepoint (1689-1762) fue una aristócrata inglesa que llevó una vida muy independiente y desacomplejada para su época. Recién casada, contrae la viruela en 1715 y, aunque sobrevive, pierde sus pestañas y queda con marcas en el rostro. Poco después, en 1717, su esposo Edward Wortley Montagu (1678-1761), es nombrado embajador británico en Constantinopla (actualmente Estambul) y Mary tiene oportunidad de conocer allí una costumbre que llama su atención y describe en una de sus cartas del siguiente modo: "La viruela, tan fatal y frecuente entre nosotros, aquí es totalmente inofensiva gracias al descubrimiento de la inoculación, (así es como la llaman). Existe un grupo de mujeres ancianas especializadas en esta operación. Cada otoño, en el mes de septiembre, que es cuando el calor se apacigua, las personas se consultan unas a otras para saber quién de entre ellos está dispuesto a tener la viruela. Con este propósito forman grupos y cuando se han reunido (habitualmente unos quince o dieciséis), la anciana acude con una cáscara de nuez llena de la mejor materia variolosa. Pregunta qué vena se ha elegido. Pincha rápidamente con una aguja gruesa en la que se le presenta (esto no produce más dolor que un vulgar rasguño) e introduce en la vena tanto veneno como cabe en la punta de la aguja y, después tapa la pequeña herida con un pedazo de la cáscara vacía; pincha de la misma manera cuatro o cinco venas. Los niños o jóvenes pacientes juegan juntos durante el resto del día y se encuentran en perfecta salud hasta el octavo día. Entonces comienza a subirles la fiebre y guardan cama durante dos días, rara vez tres... Excepcionalmente, les salen veinte o treinta pústulas en la cara, que nunca dejan marcas, y en ocho días están tan repuestos como antes de padecer la enfermedad... No se conoce ejemplo de alguien que haya muerto por ello y puede creer que la experiencia me parece tan inofensiva, que tengo la intención de ensayarla en mi querido hijo". El hecho de haber muerto su hermano de viruela y haber quedado ella misma con el rosto severamente marcado por la enfermedad con toda seguridad determinó a Lady Montagu a someter a la variolización a su hijo Edward, de cinco años, quién fue inoculado por Charles Maitland (1668-1748), médico adjunto de la embajada británica. Su ejemplo fue seguido por otros occidentales que estaban en ese momento en la ciudad. Lady Montagu se propuso, además, llevar la técnica a Europa a su regreso. La frase "Soy lo bastante patriota para tomarme la molestia de llevar esta útil invención a Inglaterra y tratar de imponerla" es lo suficientemente clara al respecto. Lo cierto es que así lo hizo y, ante un rebrote de la enfermedad que se produjo en Inglaterra en 1721 (y no sin una terrible oposición por parte de gran parte de la sociedad, incluidos los médicos), inició una fuerte campaña a favor de la variolización, inoculando también a su pequeña hija Mary de 4 años, procedimiento que estuvo nuevamente a cargo del Dr. Maitland, quién también había regresado a Inglaterra. El óleo atribuido a Jean Baptiste Van Mour (1671-1737) muestra a Lady Montagu y su hijo durante su estancia en la capital del imperio otomano.

Como paso previo a su aprobación, la técnica fue inicialmente experimentada en seis condenados a muerte que "no habían sufrido de viruelas", a quienes se les prometió el indulto a cambio de prestarse a la experiencia. Unas tres semanas luego de haber sido inoculados los condenados fueron puestos en contacto con un niño infectado y ninguno contrajo la enfermedad. También se realizó una experiencia exitosa con niños de un orfanato. En vista de ello se autorizó a Maitland a aplicar el procedimiento. El hecho de que Carolina de Gales (1683-1737), esposa del futuro rey Jorge II de Gran Bretaña (1683-1760), apoyara la iniciativa inoculando a sus hijas Amelia y Carolina en el año 1722, fue sin duda muy favorable para su campaña. A pesar del éxito obtenido, la oposición académica, popular e incluso de la iglesia (que calificó el procedimiento de herejía musulmana) fue intensa. Como ocurriría no mucho después con la vacuna, cada muerte que esta técnica provocaba era dramáticamente contada una y mil veces, ignorándose las que evitaba. El proceso mejoró cuando se comenzaron a emplear pústulas secas de los mismos variolizados y no de los enfermos como se hacía inicialmente. Se calcula que la inoculación producía la muerte a un 2-3% de los pacientes a los que se introducía la viruela, frente al 30% de letalidad entre quienes no habían sido inmunizados. Entre las víctimas de la variolización se encuentran los dos hijos de Jorge III (1760-1800) que fallecieron como consecuencia de ésta, pero puede reflexionarse que, con toda probabilidad, también habrían fallecido al contraer la enfermedad en algún momento e independientemente del intento de inmunización. Los estragos que la viruela había provocado en algunas casas reinantes de Europa, como ya se ha comentado, hizo que muchos soberanos recurrieran a la variolización para prevenir males mayores. Pueden citarse entre ellos a Teresa de Austria que se inoculó junto con sus hijos y nietos, a Federico II de Prusia, a Luis XVI y sus hijos y a la emperatriz Catalina II de Rusia y su hijo. 

Finalmente, la aparición de la vacuna a fines del siglo XVIII, enviaría la variolización y las discusiones en torno a ella a la historia de la medicina... e inauguraría su propia saga.

El desarrollo de la vacuna

Como ocurre siempre en el mundo de la ciencia, nada surge de la nada. Es el ejercicio permanente de una actitud científica (que consiste en observar, relacionar, razonar, deducir, experimentar, analizar los resultados y sacar conclusiones, en un ciclo que puede tener tantas iteraciones como sean necesarias) lo que conduce a nuevos conocimientos. Este es también el caso de la aparición de la vacuna antivariólica, cuyo desarrollo (término más apropiado que descubrimiento) es consecuencia de la existencia previa del proceso de variolización y del ejercicio de la actitud científica frente al problema. Fue Edward Anthony Jenner (1749-1823), un médico rural británico, quién tomó en cuenta la observación popular de que las mujeres que trabajaban en el ordeñe de las vacas eran generalmente inmunes a la viruela. Jenner dedujo, y tomó como hipótesis de trabajo, que el pus de las pústulas de las vacas (que contenía el virus de la viruela bovina, enfermedad similar a la viruela pero mucho menos agresiva) les contagiaba la enfermedad durante su contacto con la ubres de las vacas infectadas y generaba la inmunización contra la forma más grave de la enfermedad. Conjeturó que la operación podía practicarse exprofeso para lograr la inmunización de un modo menos riesgoso que con la variolización y, en función de estas ideas, realizó la experiencia que se relata al inicio de esta contribución, obteniendo resultados satisfactorios.

El informe enviado por Jenner a la Royal Society en el año 1797 describiendo lo hecho y proponiendo el método de la vacuna fue rechazado por no contar con un número suficiente de casos (lo cual no era del todo errado). Esto llevó al autor a ampliar su experimentación y publicar, al año siguiente y por cuenta propia, el libro que lleva por largo título "An Inquiry into the Causes and Effects of the Variolae Vaccinae, a disease discovered in some of the western counties of England, particularly Gloucestershire and Known by the Name of Cow Pox", en el que el autor adopta el nombre de "vaccination" (vacunación) para el proceso y en el que se describen varios casos acompañados con ilustraciones.

Es interesante destacar que si bien la vacunación del pequeño James Phipps el 14 de Mayo de 1796 habría marcado el inicio del desarrollo de la vacuna y es la fecha que ha pasado a la historia, no era esta la primera vez que Jenner encaraba el tema. El grabado coloreado a la acuarela (sin fecha ni lugar de edición) realizado por Jean Claude Manigaud (1825-1893) sobre un original de Edouard Jean Conrad Hamman (1818-1889) titulado "Edward Jenner (1749-1823). La primera vacunación" representa la inoculación del propio hijo de Jenner (también llamado Edward) cuando contaba diez meses de edad, en el año 1790. El niño está sostenido por su madre y puede verse al ama, que acomoda la manga luego de habérsele extraído el pus. La vaca sostenida por un hombre, visible a través de la ventana, indicaría el origen de la infección del ama del niño, aunque se discute si el procedimiento habría sido una vacunación anticipada o una variolización. Más allá de esta discusión, llama la atención en el cuadro que Jenner se ocupara de este menester equipado con ropa de calle, botas de montar y calzando espuelas cuando se supone que está en su propio hogar...

Muchos médicos de la época (incluida la Asociación Médica de Londres), se opusieron a la propuesta de Jenner, a veces con críticas violentas e incluso injuriosas. Los religiosos, si bien no podían aducir ahora que se trataba de una herejía musulmana como habían hecho con la variolización, si calificaron la nueva práctica como una acción anticristiana, que intentaba interponerse en los designios de Dios. A nivel popular se desarrollaron también intensas críticas. Se inician en ese momento los grupos antivacuna, que no han perdido vigencia hasta el presente y a los que se hará referencia en la próxima entrega de esta serie de notas. 

A pesar de tanta oposición, los beneficios observables superaban a los perjuicios y permitieron, finalmente, superar los prejuicios. El método desarrollado por Jenner se propagó con gran rapidez. En poco más de cinco años se publicaron casi cincuenta obras al respecto, siendo la más completa de ellas el "Tratado Histórico y Práctico de la Vacuna", escrito por Jacques Louis Moreau de la Sarthe (1771-1826) y publicado en Paris en 1801, tratado que fue rápidamente traducido a otros idiomas. La vacunación se extendió rápidamente por toda Europa y, como había ocurrido en su momento con la variolización, pasó rápidamente a América. En 1800, se realizó la primera vacunación, que estuvo a cargo de Benjamín Waterhouse (1754-1846), médico y profesor de la Universidad de Harvard, quién inoculó a sus propios hijos con la vacuna que le había enviado Jenner y logró el apoyo gubernamental para aplicar el método y oficializarlo en los Estados Unidos.

Existen numerosas obras que evocan la primera vacunación realizada por Jenner, muchas de ellas realizadas más de 100 años después, entrado ya el siglo XX, de las que se reproduce a continuación una selección. La más difundida es "Edward Jenner realizando su primera vacunación en James Phipps, un niño de 8 años, el 14 de mayo de 1796", óleo sobre tela de E. Board (1877-1934) realizada hacia 1910.

En el óleo titulado "La primera vacunación de E. Jenner en 1796", pintado en 1879 por Gastón Mélingue (1840-1914), el episodio se desarrolla en otro escenario, esta vez al aire libre. El yugo que puede verse en el suelo se utilizaba para el transporte de los baldes de leche y recuerda la condición de ordeñadora de la mujer que se venda la mano y que ha suministrado el pus para el tratamiento.

En el año 1960 la compañía farmacéutica Parke Davis encargó al artista Robert A Thom (1915-1979), una serie de ilustraciones para la obra "A History of Medicine in Pictures", de la que forma parte "La erradicación de la viruela".

La litografía de Eugéne Ernest Hillemacher (1818-1887) titulada  "Edward Jenner vacunando a un niño", realizada en 1884, evoca una escena de vacunación, pero ya no con el pequeño James como coprotagonista.

(*) El Dr. José Sellés  Martínez es doctor en Ciencias Geológicas, docente y investigador en la Universidad de Buenos Aires (UBA), e integrante de la Sociedad Científica Argentina y del Igeba. También es uno de los referentes del proyecto de Geoparque de la Sierra Baya, en el partido de Olavarría.