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"Sentía que estaba vacío, que no tenía más nada para dar"

Juan Manuel Fernández, hijo mayor del "Lobito", a los 31 años y en plenitud de sus condiciones físicas y técnicas, decidió abandonar el básquetbol en Trieste, la bellísima ciudad italiana donde generó un vínculo muy parecido al construido por sus padres en Olavarría. Balance, recuerdos, reflexiones y proyectos desde Florida, el lugar que eligió para vivir con su familia.

Daniel Lovano / [email protected]

"Hay momentos en la vida en los que las elecciones personales son más apremiantes que las laborales y deportivas, y hoy nuestra tarea hacia Juan es aceptar sus elecciones con el máximo respeto por ellas. Juan es el protagonista de todas las páginas importantes de los últimos cinco años y de nuestra historia presente: la amistad, la estima y el cariño hacia él quedan grabados en piedra, sin importar lo que depare el futuro".

Con estas palabras Mario Ghiacci, presidente del Pallacanestro Trieste (equipo de la principal liga del básquetbol italiano) despidió a Juan Manuel Fernández.

El hijo mayor del "Lobito" (de consabidos lazos que unen a él y a su familia con Olavarría y con Estudiantes), decidió en enero pasado abandonar el deporte con apenas 31 años, y en el apogeo de sus condiciones físicas y técnicas, para enfocar su vida hacia otros nortes.

Juan era (y es) amado e idolatrado en ese recóndito lugar del extremo noreste de Italia que limita con Eslovenia. "Fue un proceso largo. No tengo en claro si hubo un momento en el que empezó, sino que fueron una acumulación de cosas que me llevaron a un punto de quiebre, no sólo en el básquetbol, sino en mi vida" contó Juan.

"En eso la familia tuvo mucho que ver, y en el hecho de que mis prioridades individuales, con respecto a mi trabajo, fueron cambiando" confesó.

La pandemia ofició de detonante: "Son decisiones tomadas también en conjunto con mi esposa, y creo que la gota que rebasó el vaso fueron los dos años vividos en pandemia, que en Italia resultaron bastante duros, con mucha incertidumbre y poco control sobre lo que estaba sucediendo y en cuanto a planificaciones para el futuro".

"No poder ver a la familia, no saber cuándo íbamos a poder viajar, estar solos mi mujer y yo con los niños, muy lejos del resto de la gente que queremos y que nos quiere. Eso pasó factura a finales del año pasado, en lo que no estuvo ajeno un cansancio mental por muchos años de trajín en el básquetbol" recordó.

"Todo se sumó, y me llevó a la decisión de cambiar de rumbo" añadió. En la tarde de unos días atrás Juan Manuel, durante un descanso en algunas de las fabulosas autopistas de la península de la Florida (donde vive temporalmente, en casa de sus suegros), atendió el llamado con código de área de una ciudad que -desde fines de los '90- quedó para siempre ligada a su existencia, para hablar de este click en su vida.

"Sentía que estaba vacío, que no tenía más nada para dar. Que necesitaba otros estímulos y otras motivaciones y, siendo egoísta en el buen sentido de la palabra, pensé más en mi familia y en mí antes que en cualquier otra cosa" reconoció.

Juan llegó al Pallacanestro Trieste en 2017, cuando aún militaban en la A2 -luego de su paso por la LEB Oro con la camiseta del Breogán- y en junio del 2018 lograron el ascenso a la máxima categoría del básquetbol peninsular.

"Fue una relación construida a lo largo de 5 años. Yo estuve 10 años en Europa, 5 de ellos en Trieste, o sea que es fácil imaginar lo que Trieste significa para mí y para mi familia" resaltó.

"Me entregué siempre por completo en el lugar que estuve, y pienso que la gente y el club apreciaron eso. Nuestra manera de ser, porque creo que mi esposa entra en esto también, de mostrarnos hacia los demás creo que fue apreciada. Sumado al hecho de que deportivamente nos fue bien y eso siempre ayuda" analizó Juan Manuel.

Al final, lo que menos costó fue dejar de picar la anaranjada. "Ese vínculo hizo que para mí fuera más fácil la toma de esta decisión, porque sabía que dejar de jugar a mitad de temporada iba a ser para ellos un problema, porque tenían que salir a buscar un jugador, pero entendieron que yo no podía posponer mi decisión porque mentalmente estaba en una situación que no ayudaba ni al equipo, ni a mí mismo" narró.

"El hecho de que ellos hayan entendido primero el porqué de mi decisión se basó mucho en el respeto mutuo construido en esos cinco años. Ellos saben muy bien cómo soy, cómo me manejo y si estaba tomando una decisión de este estilo tendría que haber un motivo más que válido atrás" consideró aquel chico que pasó en Olavarría otro lustro de su vida.

"Apenas la gente se enteró mínimamente de lo que estaba aconteciendo, porque yo nunca quise dar muchos detalles tampoco, lo entendió y me apoyó. Creo que esto está basado también en una manera de hacer las cosas durante las cinco temporadas que me tocó estar ahí, que es dar siempre el máximo por los colores que te toca defender, con respeto y respetando los valores del club" insistió Juan.

Cómo no sentir ante estas palabras un "Déjà vu", transportarse en el tiempo a los últimos años del siglo pasado y los primeros de este siglo y enlazarlo con lo que sus padres Gustavo y Nancy supieron forjar en Olavarría.

"Sí (risas), me lo ha dicho mucha gente y poco a poco lo empiezo a ver, porque honestamente antes no me ponía a hacer un análisis de este tipo, pero bueno… Es verdad eso que dicen que 'El fruto no cae muy lejos del árbol', y veo muchas cosas similares entre lo que fue la carrera de mi papá y mi carrera" admitió.

"Creo que no es casualidad. Yo aprendí de él, no sólo en el aspecto basquetbolístico, sino en todo lo que conlleva este trabajo, y ver cómo se manejó a lo largo de su carrera me hizo -inconscientemente creo- manejarme de manera similar" aceptó.

"Digo inconscientemente porque nunca me paré a pensar y decirme 'quiero hacer todo como lo hizo mi papá'. Creo que el hecho de ver cómo se manejan mis viejos, y el afecto que generaban en cada lugar plantó alguna semilla que me llevó a intentar hacerlo de la misma manera, y mi esposa también lo entendió desde un principio" completó.

"Lobito" padre, por supuesto, fue una fuente de consulta ante semejante decisión de uno de los "Lobito" hijo: "Me apoyó al ciento por ciento. Ambos, tanto él como mi vieja. Para mí quizás no tendría que haber sido así, pero era todo un tema decírselo a él, porque el básquetbol es algo que nos conectó desde que nací, y fue algo natural".

"Nuestra vida nos llevó siempre a través de este deporte, entonces tener que decirle a mi papá que ya no me estaba haciendo bien no fue fácil, pero no tenía duda de cuál iba a ser su respuesta y fue exactamente esa, que lo importante era mi bienestar más allá de que sea lejos o cerca del básquetbol" valoró.

Reflexionó que cuando alguien está metido desde tan chico en las exigencias de la alta competencia "Juan Fernández era el jugador de básquetbol y nada más, y en realidad a medida que uno va madurando se va dando cuenta de que es sólo una faceta. Está el marido, el padre, amigo, hijo y todo eso entra en perspectiva a la hora de tomar esta decisión".

"Por ahí se siente que uno está dejando toda su vida a un lado al dejar el básquetbol, pero hoy no lo miro así. Una parte de mi vida se terminó, hay mucho más por venir y eso es lo que supe ver hablando con las personas que más me conocen y que más me quieren" relató.

Cinco años en el norte de Italia, otro tanto en la Universidad de Temple. Políglota, sin embargo cuando desempolva el castellano Juan sigue hablando con la tonada del "riotercerense" básico. También para hacer un vuelo rasante sobre su carrera.

"Es raro (risas). No se me va la tonada cordobesa, a pesar de que tampoco vivimos mucho en Córdoba, porque mi papá jugó casi siempre en provincia de Buenos Aires. Es algo que no cambia y, no miento, me pone orgulloso" concedió.

Sobre su trayectoria en el basketball (NCAA), baloncesto (España), basquet (Argentina) y en el pallacanestro (Italia) mencionó que "me hubiese gustado jugar Euroliga; era algo con lo que soñaba desde chico y nunca se me dio".

"Pero me quedo mucho más con las cosas positivas y más que con cualquier resultado o con cualquier éxito deportivo lo que más me llevo son las relaciones, las amistades, la gente que he conocido a lo largo del camino, porque sé que eso queda para siempre y es lo que más significa para mí como persona y para nosotros como familia" subrayó.

"La vida del basquetbolista tiene muchas cosas lindas y buenas, pero hay una parte de sacrificio de la que se habla menos. Para mí eso pasó siempre por las distancias, por no poder ver al resto de la familia seguido, de estar lejos de mi país, de mi cultura y demás" apuntó.

"En ese sentido, a lo largo del camino siempre se conoce gente que dentro de ese sacrificio a uno lo hace sentir más cerca de casa, porque se crearon relaciones muy lindas y muy estrechas en toda mi carrera" enfatizó Juan Manuel.

Su futuro abrió en abanico: "Se trata de un nuevo inicio, je. No tengo metas y objetivos específicos. Sé que necesito un tiempito para acomodar mi cabeza, acomodar mis ideas. Lo único claro es que vamos a vivir en Estados Unidos; mi mujer es de acá y esa fue siempre la idea para cuando yo dejara de jugar al básquetbol".

"Inicialmente el básquet no está en mis planes para un futuro próximo; no sé qué va a pasar de acá a uno o dos años. Son muchos los signos de pregunta, que espero poder empezar a responder en poco tiempo".

"Había algo relacionado con viajes y deportes, vinculado con el mundo universitario de Estados Unidos, que son muy comunes sus giras por países de Europa y otros continentes. Tengo muchas ideas en mi cabeza, pero todavía no sé para dónde voy a disparar" cerró Juan para volver a la ruta, y seguir con esta vida y esta conducta que tanto recuerda a Olavarría de no muchos años atrás.

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