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"No es fácil denunciar pero tampoco es fácil quedarse callada y en silencio"

La madre y el abogado de la víctima de abuso sexual que derivaron en las condenas de Néstor Pola y Juan Cruz Garay hablan tras la sentencia. Tras cuatro años de espera la mujer dijo que "cuando sacás las cosas a la luz, tiene otro sentido por más que sufras".

Claudia Rafael - [email protected]

El instante exacto en que vio el rostro de su hija mientras le decía: "les dieron 9 y 6 años" sintió que ya la historia empezaba a cambiar. Que tal vez se pudiera empezar a pensar en el futuro sin que las cicatrices de la violencia que vivió aquel abril de hace cuatro años entorpecieran sus pasos todo el tiempo. La vio tranquila, como queriéndole transmitir que "esto era lo que tenía que pasar y pasó". Millie Hiese relató, en entrevista junto al abogado de la familia, Martín Andreu, que "yo estaba segura de que los iban a condenar. Nunca dudé. Tal vez pensé en otra cantidad de años pero estaba tranquila sintiendo que los iban a condenar".

Habían transcurrido cuatro años exactos desde aquella madrugada de abril de 2018 en que la vida familiar dio un vuelco impensado que dejó marcas para siempre. Su hija tenía escasos 17 años. Hoy transita ya los 21 cuando por quinta vez debió volcar su testimonio, esta vez ante el tribunal que determinó la condena penal de Néstor Pola y Juan Cruz Garay por abuso sexual.

En las audiencias, la víctima y su entorno familiar y afectivo volvieron a quedar en carne viva una vez más. Horas después de escuchada la sentencia, Millie Hiese, sentada junto a Andreu, asegura que "no fue fácil. Fue incluso más difícil de lo que pensábamos. Cuando entré a la sala, me sentí muy mal pero a la vez, tenía la tranquilidad de saber que era una posibilidad enorme para poder contar lo que ocurrió. A uno de ellos lo había visto un par de veces, al otro no lo conocía y fue raro estar frente a ellos, verlos. Son momentos en los que te preguntan mucho unos y otros. Y pensaba que cuando mi hija entrara iba a ser tremendo y así fue".

Martín Andreu las pasó a buscar por la mañana el primer día de las audiencias con la certeza de que vivirían momentos clave. "Yo sé que tanto los testigos como la propia víctima tuvieron que declarar en distintas instancias en todo este tiempo. Y volver a tener que hacerlo no era fácil para nada. Pero era fundamental. Porque el tribunal en ese momento quiere contar con absolutamente todo, percibir todo para darse cuenta de si lo que le están relatando en ese momento es verosímil. Es muy duro pero es necesario. La primera declaración fue en la Comisaría de la Mujer, luego fueron dos veces ante la fiscalía, una vez ante el Servicio Local de Olavarría en donde la escuchó una terapeuta que reflejó en el juicio cómo la víctima vivenció ante ella todo lo que había pasado. Y, finalmente, ante el tribunal. Por lo tanto, fueron muchas veces que tuvo que volcar su testimonio. Y siempre se mantuvo coherente en el relato. Algo que fue valorado por el tribunal. Pero todo fue realmente muy angustiante".

La discusión en torno de la existencia o no de consentimiento en las historias de abuso sexual tiene múltiples aristas que son aprovechadas y explotadas por las defensas para intentar torcer destinos. Claramente –relató el abogado- "en este tipo de delitos es el tema de debate. Y cuando no hay consentimiento de la víctima, se configura un abuso. Obviamente que las defensas en su estrategia intentaron controvertir ese tema. Aunque ninguna de las pruebas que presentaban pudieran probarlo. Con argumentos que no fueron suficientes. Con testimonios por parte de los imputados que ponían en cuestión el consentimiento pero hay que dejar en claro que los imputados no están obligados a decir la verdad. Dan simplemente una versión. Y no había ninguna probanza que dijera que la versión del imputado tuviese algún asomo de verdad. Distinto es el caso de los testigos y de la propia víctima que declaran bajo juramento. Por lo tanto, más allá de que es la víctima, está obligada a decir la verdad. Y si no lo hace, puede caer en falso testimonio. El imputado, no. Por lo tanto, el imputado puede decir cualquier cosa y se lo valora como su versión".

-¿Sienten que nueve y seis años de condena son suficientes?

-Millie Hiese: Para mí, está bien. No depende de los años. A mí me preocupan otras cosas. La cantidad de años no tiene que ver con que los condenados puedan convertirse en mejores personas, darse cuenta de lo mal que actuaron. Y la verdad, yo no creo que la Unidad 38 haga que esta gente pueda salir mejor. Si le dan 9, le dan 10 o le dan 20 está bien si sirve para que esta gente pueda cambiar. Porque vamos a seguir teniendo gente así a nuestro alrededor.

-Martín Andreu: yo creo que está bien porque lo que se buscaba acá era una condena. En cierta manera y más allá de que sabemos cómo ocurrió todo, era fundamental que hubiera una condena. Técnicamente está bien. En casos como éste, muchas veces las penas son incluso de menos del mínimo. Sin embargo, acá se agravaron por el daño causado a la víctima. Por el hecho de haber tenido que atravesar todo este proceso, no sólo el judicial, sino el proceso de vida que le impuso lo ocurrido: psicólogos, exposición pública, infinitas cosas. Y el tribunal lo valoró como agravante de la pena. Por eso se extendió un par de años más para cada uno. Porque la mínima para Pola era de seis años y para Garay, de cuatro. Pero los agravantes las llevaron a nueve y a seis.

-¿Sentís que valió la pena denunciar?

-Millie: yo no me arrepiento de todo este recorrido. Porque además, esto muestra que si uno denuncia, tiene su efecto. No es que no pasa nada. Después de esto, muchas chicas se animaron a denunciar. Uno sabe que es un tema en el que hay muchos miedos. Está el temor de que quede todo ahí, en la denuncia; que implica mucha exposición pero acá pudimos demostrar que la justicia produjo esta condena. Entonces, valió la pena. Porque hay que cortar con esa culpabilización hacia la mujer cuestionando qué hizo cada una para que le hicieran lo que le hicieron. No es fácil denunciar pero tampoco es fácil quedarse callada y en silencio. Siento que entre las dos opciones, lo peor es tapar. Porque eso significa quedarse en la oscuridad. Como cuando cerrás la ventana y te quedás envuelta en una nube negra. En cambio, cuando sacás las cosas a la luz, tiene otro sentido por más que sufras, por más que todo tarde en sanar.

-Tu hija tenía 17. Ya tiene 21. ¿Qué sentís que implica esto para ella en su vida?

Yo, en lo personal, siento que es algo que ya pasó. Y que tiene que quedar atrás. Ahora ella tiene que empezar a construir su futuro. Deseo de todo corazón que pueda dejarlo atrás.

-Millie Hiese: Ella sigue angustiada. No está bien. Sigue en terapia. Y es alguien que no logra entender en su modo de ser una agresión. Yo, en lo personal, siento que es algo que ya pasó. Y que tiene que quedar atrás. Ahora ella tiene que empezar a construir su futuro. Deseo de todo corazón que pueda dejarlo atrás.

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