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Un homenaje a un maestro de la música y de la vida: el gran Mario Alberto Patané

Falleció en marzo de este año, pero su presencia se siente en cada actuación de la Orquesta Sinfónica Municipal que lleva su nombre. Fue un apasionado de la música, con objetivos claros y firmes que lo llevaron a fundar, hace más de seis décadas, a esta formación que se transformó en orgullo de Olavarría. Por eso se merecía este homenaje el hombre que fue feliz y que hizo feliz a muchos músicos que supieron de su bondad, de su capacidad y del don que tuvo de transmitir todo lo que sentía a partir de la música.

Mario Alberto Patané siempre será recordado como lo que fue. Un maestro. En la vida y en la música. Durante casi toda su vida fue forjando una trayectoria musical que lo llevó a ser considerado uno de los mejores, sino el mejor. No sólo el talento le permitió crecer y ser admirado, sino que también puso mucho esfuerzo en sus objetivos y trabajó para conseguirlos.

Así fundó en 1960 y dirigió la Orquesta Sinfónica Municipal de Olavarría por casi 50 años, y se esforzó para lograr el crecimiento de este elenco que se convirtió en el orgullo de la ciudad. El debut de su "hija" -como la definió su hijo Claudio- fue el 25 de mayo de 1961 en Sierras Bayas. Fue una formación que inicialmente se llamó Orquesta de Cuerdas del Conservatorio Municipal de Música, integrada en su mayoría por profesores y alumnos del Conservatorio de Música. Ese objetivo tuvo su respaldo municipal con el intendente de ese momento, el doctor Carlos Víctor Portarrieu, y de ahí en más el crecimiento fue imparable, siempre de la mano del Maestro Patané, ya que superaron los 600 conciertos.

En el año 2002, por decreto, el Poder Ejecutivo Municipal homenajeó a esta ya tradicional formación imponiendo su nombre, que en la actualidad es dirigida por al maestro Diego Lurbe. Por supuesto, se sentía orgulloso de que la Orquesta Sinfónica lleve su nombre. No era para menos. Además, lo tenía largamente merecido. Y merecido fue, también, el gran homenaje que se le hizo en 2021, en el Teatro Municipal, casi su segunda casa, en el aniversario número 60 de "su" orquesta.

El maestro Mario Patané se fue hace muy poco tiempo. Fue el 7 de marzo de 2022. Nos dejó, pero sigue estando presente. Porque dejó un legado musical y un legado de vida que uno de sus hijos, Claudio, supo describir con profundo sentimiento cuando en las páginas de El Popular le hizo una carta de despedida. Allí encontró las palabras que reflejaron, claramente, lo que fue don Mario para la familia, para los amigos y para los músicos olavarrienses.

Tuvo un recorrido exquisito, digno de los mejores. Entre las presentaciones más destacadas se encuentran el concierto que realizaron en el Salón Dorado del Teatro Colón, en el viejo Canal 7, así como en la República Oriental del Uruguay. Además pasaron por la Orquesta que él dirigió grandes solistas, entre quienes se destacan los pianistas Orlando Millá, Evelina Aitala de Pacín y su esposa, Norma Colussi, con quien compartió la pasión por la música y por sus hijos y nietos.

Como dijo en esa nota su hijo Claudio -su otro hijo se llama Román-, "con mi Mamá, Norma los unió la pasión por ejecutar, enseñar y disfrutar la música; ella fue el puntal principal de todo lo que él logró y también en el amor familiar. Crecer con referentes como ellos se hizo fácil, tanto amor, respeto, empatía, humildad y alegría de la vida. Es así que, lo mismo que generaba mi padre en su ámbito profesional, lo hizo en el familiar y en el de la amistad, integrando y escuchando mucho a cada persona con la que se relacionaba. Quizás la mayor o la primera virtud de un músico sea la de saber escuchar".

Don Mario Patané quiso que la música clásica llegue a todos por distintos medios y tuvo su programa de radio, formó la Asociación Filarmónica para apoyar a músicos locales y foráneos, y también fundó Musical Olavarría en el año 1964, donde innumerables amigos músicos pasaban no sólo a hacerse de sus medios para sus propias pasiones del género musical que fuese, sino a conversar con el maestro. Pero lo que no todos sabían era que él también se nutría de tantos músicos geniales que dio nuestra ciudad.

Inquieto, emprendedor, visionario, trabajador, talentoso, amigo y gran jefe de familia, condiciones que lo llevaron -seguramente- a ser el gran director de orquesta que fue, a disfrutar y a vivir una vida envuelta en el amor que siempre le despertó esa pasión interminable por la música, con la que fue feliz y la que le permitió hacer feliz a los demás.

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